El toro de lidia actual es una creación
relativamente reciente, fruto de la cuidadosa
labor llevada a cabo por una pléyade de ganaderos
a lo largo de la historia.
El proceso a través del
cual se ha ido configurando la empresa ganadera,
tal y como la conocemos hoy, ha pasado por
diversas etapas, según pone de manifiesto el
profesor Antonio Luis López Martínez: una primera
etapa, de proveedores ocasionales de toros para
festejos taurinos (desde el siglo XV), al margen
de los circuitos comerciales, que está relacionada
con los privilegios que disfrutaban ciertos
estamentos e instituciones, y que da lugar a la
cría de toros en los lugares próximos a las
localidades donde se celebraban los festejos; y
una segunda etapa, de vinculación de la ganadería
de lidia a las explotaciones agrarias (a partir de
finales del siglo XVII y durante todo el siglo
XVIII), que coincide en el tiempo con la
institucionalización de las temporadas taurinas y
con el levantamiento de plazas de toros, lo que
aumenta la demanda y el precio de estos (que se
multiplicó por cinco entre 1730 y 1800),
contribuyendo a que la cría de toros se
convirtiera en una actividad rentable para los
propietarios de ganadería vacuna.
Al finalizar el proceso desamortizador la cría de
toros de lidia quedó arrinconada a las tierras
marginales, lo que supuso uno de los cambios más
importantes de la época en relación con este tipo
de ganadería: el inicio de la desvinculación entre
las actividades agrícolas y ganaderas, y la
aparición del ganadero de lidia puro, es decir,
aquel que no comparte la actividad con otras
explotaciones agrícolas u otras especies
ganaderas. El desarrollo del transporte de los
toros en cajones por ferrocarril fue clave para
configurar un mercado nacional del toro de lidia,
pues posibilitó la mayor especialización
geográfica de la cría de toros de lidia, que
tiende a concentrarse en un reducido número de
provincias (solamente once, y cerca de las dos
terceras partes se localizaban en sólo tres
provincias: Sevilla, Salamanca y Madrid). Así, la
profesionalización de la cría de toros de lidia
coincide en el tiempo con la aparición de una
nueva clase de ganaderos, vinculada a la burguesía
rural, que comienza a entender la cría de toros
como un negocio para aumentar sus beneficios.
Destacan ganaderos como José Rafael Cabrera y
Angulo, José Arias de Saavedra o Juan Domínguez
Ortiz, entre otros, pero ninguno lo hizo como gran
propietario de tierras, lo que hace pensar que
utilizaban las tierras comunales perfeccionando
las técnicas de selección de animales
reproductores y comenzando a diferenciar entre
ganadería brava y mansa. El último paso del
proceso de profesionalización de ganaderos de
toros de lidia es la creación de una asociación
patronal que defendiera sus intereses; esto tiene
lugar en el año 1905 con la fundación de la
U.C.T.L.
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Los ganaderos de bravo son los responsables de que
exista el toro de lidia tal y como se concibe en
la actualidad, porque durante estos últimos siglos
han conseguido transformar un toro semisalvaje en
el toro doméstico que hoy conocemos. Este cambio
espectacular sólo se puede conseguir con una
correcta metodología, mediante la selección y la
mejora genética que han cambiado la fiereza
indómita del animal antiguo por la bravura
controlada del toro moderno; de esta forma los
ganaderos han mejorado con brillantez el
comportamiento del toro de lidia, consiguiendo un
animal actual más bravo y más noble que el
antiguo. Los ganaderos de lidia tienen, hoy en
día, la obligación de criar un toro que, además de
movilidad y fuerza, sea bravo y noble; y los
animales verdaderamente bravos son los que tienen
en su código genético la orden de luchar con
denuedo y que se crecen ante el castigo y las
dificultades de la lidia, dando una apariencia de
falta de sufrimiento, e incluso de disfrute en los
diferentes lances de la prueba, tal y como señala
el profesor Antonio Purroy. Pero a lo largo del
siglo XX hemos asistido a una dulcificación del
temperamento de los toros, que ha sido más acusada
en las tres o cuatro últimas décadas, pero, como
afirma el profesor Purroy, esto no debería ser a
costa de la bravura, ya que no es cierto que si un
toro es bravo no puede ser noble o viceversa,
porque científicamente se ha demostrado que se
pueden seleccionar y mejorar en la misma
dirección, la bravura y la nobleza, y existen
muchos toros en la historia que han gozado de esta
doble condición; además, el verdadero aficionado
demanda el auténtico toro bravo con la pujanza y
la agresividad que consiguen trasladar la emoción
y el riesgo a los tendidos.
Cerramos este epígrafe haciendo referencia al
artículo del profesor Jesús Domínguez Rojas, que
nos ofrece datos de gran relevancia para
comprender la representatividad del mundo del toro
en la economía, se configura de la siguiente
forma: tras un aumento inicial en la primera
década del siglo XX, le sigue una etapa de
altibajos durante la Guerra Civil, para
recuperarse posteriormente hasta alcanzar el alto
número de ganaderías existentes en la actualidad.
Para comprender la importancia que tiene el toro
de lidia en la economía, el profesor Jesús
Domínguez repasa las principales variables
económicas que tienen relación con el mismo. Desde
el punto de vista de la representatividad del
ganado de lidia frente a otras magnitudes
económicas, el autor apunta que, en líneas
generales, la ganadería bovina representa, sobre
la producción agropecuaria, del orden del 6 por
100 de la misma.
LA ECONOMÍA DE LA
PRODUCCIÓN DEL GANADO DE LIDIA
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La explotación del ganado de lidia ha sufrido
cambios sustanciales en las últimas décadas,
evolucionando desde los sistemas de explotación
tradicionales, heredados de padres a hijos, hacia
los sistemas de producción que se benefician de
las técnicas más modernas de la producción animal
actual. La paradoja del cambio es que este tipo de
ganaderías suelen ser, con cierta frecuencia,
económicamente deficitarias cuando se
consideran la totalidad de sus costes económicos
reales, en especial el coste de oportunidad de los
capitales invertidos y la retribución de la mano
de obra propia. A este respecto, el profesor
Ruiz Abad analiza los puntos críticos de la
rentabilidad de las ganaderías de lidia. Entre los
factores de producción destacan el ganado de lidia
propiamente dicho, así como la tierra y sus
recursos naturales; esta última de importancia
relevante, pues la ganadería de lidia precisa de
gran superficie per cápita (entre 1-6 hectáreas
por animal). El segundo factor de producción es el
trabajo o capital humano, que debe estar formado
por un personal altamente cualificado y que sepa
montar a caballo, con gran afición y dedicación;
además, la cantidad de mano de obra es superior a
la del resto de las explotaciones animales de
características similares (el doble que en el
vacuno de carne extensivo), siendo también
significativos los empleos eventuales que se
generan para determinadas tareas. Por último,
habría que considerar las instalaciones para la
explotación y el manejo del ganado.
Los factores
de producción son explotados por la figura del
empresario-ganadero, que suele tener una
idiosincrasia muy particular, pues el manejo de
reses bravas exige mucha experiencia, intuición y
sensibilidad para tratar de conseguir un animal
con una personalidad definida y que se ajuste a
las exigencias de la demanda, y, en su caso,
distinguir su producción mediante la creación de
un encaste propio. El ganadero es, en definitiva
quien hace una ganadería de renombre y
competitiva, y quien consigue un encaste propio o,
por el contrario, marginal y tendente a la
desaparición; ello dependerá de su capacidad de
optimización en las áreas de selección. De
cualquier modo el desempeño económico de las
ganaderías depende también de circunstancias
exógenas a la propia actividad, como son los
factores medioambientales o c1imáticos que pueden
ser responsables de la aparición de muchos
procesos patológicos, como ha sucedido
recientemente con el problema de la lengua azul o
como sucedió en el pasado con la crisis de las
vacas locas. Por otro lado, hay que señalar la
peculiar estructura del mercado taurino, con
posibles problemas de competencia imperfecta y de
excesos de oferta con relación a la demanda que
pueden llegar a repercutir negativamente en los
precios.
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Dentro del
capítulo de los costes, el profesor José Ramón
Cabal1ero de la Calle distingue entre los
relativos al capital fijo y los del capital
circulante. Respecto a los primeros, destaca la
amortización, el mantenimiento y la financiación
de las construcciones, de las infraestructuras y
del rebaño. Por su parte, entre los gastos
vinculados con el circulante señala la
alimentación, los pastos y las rastrojeras, la
mano de obra, la Seguridad Social, los gastos de
veterinario y de farmacia, así como los intereses
del capital circulante (más del 90 por 100 de
estos costes se deben a los capítulos de
alimentación y de mano de obra). A estos costes
contables habría que añadir los costes económicos
equivalentes a la gerencia propiamente dicha y los
costes de oportunidad del capital invertido, es
decir, los posibles ingresos que se obtendrían si
se produjera la venta de la explotación y si el
capital obtenido se invirtiera en una entidad
financiera. Del conjunto de todos ellos, el
profesor Caballero destaca la excesiva influencia
de los costes de oportunidad del capital
invertido, que se debe, fundamentalmente, al gran
valor que en la actualidad tiene el entorno
medioambiental en el que se cría y se desarrolla
nuestra raza de lidia. La otra cara del análisis
de rentabilidad son los ingresos; el ingreso
principal procede de la venta de animales de lidia
(del orden de la mitad) y de las subvenciones de
la Política Agrícola Común (PAC), ya que la venta
de animales de desecho sólo supone ingresos
marginales. Si se establece la diferencia entre
los ingresos brutos y los costes totales de la
producción, se puede decir que la rentabilidad
económica de la ganadería de lidia, en principio,
sería negativa; o, en el mejor de los
casos, nula si se incluyen las subvenciones que
recibe este tipo de producción, aunque en
muchos casos el hecho de no considerar como tales
los costes de gerencia y los costes de oportunidad
del capital invertido, podría dar lugar a una
ficticia rentabilidad contable de la explotación.
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La ganadería
de lidia se encuadra dentro del sistema de
producción extensivo, asentado en la tradición
familiar y en el concepto de empresa familiar.
Pero, como señala el profesor Ruiz Abad, en este
tipo de producción las cuentas de explotación no
se suelen llevar con la rigurosidad de una
contabilidad empresarial, y sólo se considera la
remuneración de los factores de producción y el
pago de los impuestos; además, no suele haber
excedentes de explotación o estos son muy escasos.
El mercado del toro de lidia no se ajusta a la
teoría económica clásica de mercado, en la que la
evolución de los precios relativos constituye el
criterio de asignación de los recursos a las
distintas actividades, ya que el precio del toro
de lidia, en términos reales, se ha reducido en
relación con el pasado. Una posible explicación
de este fenómeno ajeno a lo económico podría ser
que la condición de ganadero de lidia ha gozado de
un prestigio y de un estatus social que lo hacen
atractivo para los nuevos ganaderos, al darles
acceso a los círculos sociales de la aristocracia
y de las altas finanzas, lo que, a su vez, les
permite invertir en otros sectores y
diversificar. Esta puede ser la causa fundamental
del aumento de las explotaciones de ganado de
lidia en España. A este respecto, en los últimos
años se ha incrementado el número de personas que
han invertido en este tipo de ganadería sin haber
tenido vinculación previa con la misma, dando
lugar a un fenómeno de capitalización del sector
agrario por inversiones procedentes de otros
sectores de la economía nacional.
No podemos
cerrar esta parte de la economía de la ganadería
de lidia sin hacer referencia al régimen
tributario de la cría del toro de lidia. Si se
analiza el trabajo del profesor Javier Martín
Fernández, podemos concluir que no existe un
régimen fiscal propio de la cría de este tipo de
ganadería que la diferencie del resto de las
actividades. Entre las disfunciones señaladas hay
que destacar que, en el Impuesto sobre el Valor
Añadido (IVA), tributan al tipo del 16 por 100 las
entregas de ganado no destinado al consumo humano,
como es el caso de los toros de lidia, salvo que
vayan dirigidos al matadero, con el consiguiente
perjuicio para el sector, ya que, en la mayor
parte de las producciones ganaderas, el tipo suele
ser del 7 por ciento, cuando no inferior por la
aplicación de los regímenes especiales de la
agricultura en el IVA; y en los espectáculos
culturales están sujetos al tipo reducido del 4
por 100.
El ganado de
lidia no dispone de ningún sistema de apoyo
específico dentro de la PAC, pero, como es
natural, está incluido en las disposiciones de la
OMC vigentes para la carne de vacuno, como señala
la profesora Isabel Bardají Azcárate en su
artículo. Desde la década de los noventa, la
política de apoyo a la agricultura ha ido
evolucionando desde un sistema basado en la
intervención (vía precios y protección del
exterior) hacia otro de ayudas directas (bien por
hectárea de cultivo o bien por cabeza de ganado).
Este cambio de orientación ha podido beneficiar a
las explotaciones de ganado de lidia, ya que
siendo sus ingresos menos dependientes del mercado
de la carne, se les ha permitido, por un lado,
percibir ayudas directas que han ido aumentando,
y, por otro, mantener costes de producción más
reducidos debido al descenso de los precios de los
cereales. En el trabajo de los profesores
Francisco Pulido García, Francisco Javier Mesías
Díaz y César del Solar Llansó se analiza todo el
cambio en el proceso regulatorio desde sus
comienzos hasta nuestros días. En este sentido, la
regulación actualmente vigente nace con la Agenda
2000, que se basó en la reducción de los precios
de mercado, compensando parcialmente a los
productores con sustanciales incrementos de las
primas, cuya estructura se articula, entre otros,
por medio de los siguientes instrumentos: prima
por vaca nodriza, prima especial por bovino macho,
prima al sacrificio de bovinos y un pago por
extensificación de 100 euros por cabeza. En
definitiva, existe, en la actualidad, un complejo
sistema de primas del que, en su mayoría, pueden
beneficiarse las explotaciones de vacuno de lidia
por su carácter de sistemas extensivos de
producción y en ciclo cerrado, y que, en su
conjunto, pueden suponer una parte significativa
de los ingresos percibidos por dichas
explotaciones: de un orden del 40 por 100, en
media, según los cálculos del profesor Caballero.
La PAC ha
sido recientemente reformada en el año 2003, y en
el pasado mes de junio la Comisión Europea aprobó
la introducción del pago único (totalmente
desconectado de la producción) y que sustituye a
la mayoría de los pagos directos concedidos
actualmente. Este pago único quedará vinculado,
exclusivamente, a que los ganaderos mantengan en
buenas condiciones la superficie que deben poseer
para percibir dichos pagos: la denominada «condicionalidad».
El riesgo implícito de este nuevo sistema de
ayudas es el abandono de la producción, sobre todo
en las zonas menos productivas (que suelen
coincidir con las más desfavorecidas), con los
consiguientes efectos perjudiciales sobre el medio
ambiente, la ordenación del espacio y el
desarrollo rural; por lo que, para evitar esto, se
permite a los Estados Miembros la aplicación
parcial del régimen de pago único. En España
se mantendrán en su totalidad las primas a las
vacas nodrizas y al sacrificio de animales
jóvenes, y en el 40 por 100 la de sacrificio de
animales adultos, comenzando a aplicarse el
régimen en enero de 2006. De esta forma, una
explotación de ganado de lidia podría beneficiarse
de las primas a las vacas nodrizas (en las mismas
condiciones que en la actualidad), y al sacrificio
de animales en una cuantía próxima al 40 por 100
de los niveles actuales, pasando el resto a un
pago único, para el que no será necesario mantener
animales, sino tan solo una superficie equivalente
al número de hectáreas declaradas en su momento
(número de derechos); además, se pueden transmitir
esos derechos, e incluso, si se dispone de la
superficie necesaria para hacerlos efectivos,
adquirir más derechos de pago en el mercado libre.
Según la profesora Bardají, estas disposiciones
harán que desciendan las ayudas percibidas bajo el
nuevo régimen, estimándose reducciones del orden
del 10-15 por 100 respecto a los niveles actuales,
que pueden -e- incluso superiores en el futuro.
LA ECOLOGÍA DE LA
PRODUCCIÓN DEL GANADO DE LIDIA EN LAS DEHESAS
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La
explotación del ganado de lidia en régimen
prácticamente extensivo, que permite un
aprovechamiento racional y óptimo de los recursos
naturales, es la base del mantenimiento del
ecosistema adehesado y del equilibrio del
territorio; la rusticidad y la adaptabilidad al
medio natural de esta raza ganadera, única en el
mundo, mantiene, además, una actividad
socioeconómica de gran importancia en España, que
constituye un elemento fundamental para el
desarrollo de muchas comarcas rurales
desfavorecidas, siendo cada vez más importante el
turismo rural orientado al conocimiento del toro
bravo. En cualquier caso, del análisis del
profesor Sigfredo Ortuño se desprende que el
principal condicionante para explotar este tipo de
ganado es la disponibilidad de grandes fincas y el
elevado coste de inversión o de oportunidad de las
mismas. El ganado de lidia presenta un grado de
rusticidad y de adaptación a la dehesa que permite
el aprovechamiento óptimo de todos los recursos
naturales (desde los pastizales más xéricos y
agrestes hasta el ramón y los frutos de los
árboles). Además, su menor tamaño en comparación
con otras razas de ganado vacuno facilita su
movilidad y la integración con el medio natural,
de forma que la conservación de la dehesa
mediante la explotación agraria tradicional, como
es el caso del ganado de lidia, debe ser uno de
los objetivos de la política de protección del
medio natural. Las condiciones de cría en
grandes fincas (con 400-500 hectáreas como media)
en un ambiente de tranquilidad, junto con el
aprovechamiento de las dehesas más pobres, y
generalmente más aisladas, permiten que otras
muchas especies de la fauna española se favorezcan
de la explotación del ganado de lidia.
La dehesa
como sistema no es una superposición de elementos
independientes: constituye un todo, de tal forma
que cualquier actuación sobre alguno de sus
componentes tiene repercusión en los demás. La
dehesa es un sistema en continuo proceso de cambio
y su comportamiento no necesariamente puede
deducirse del procedente de los organismos que lo
componen, pues dentro del sistema se dan
interacciones de muchas clases a través de flujos
de energía, materia o información que condicionan
la respuesta; como señala el profesor Carlos
Hernández Díaz-Ambrona, estos elementos han de
tenerse en cuenta para entender y gestionar
correctamente este tipo de explotaciones. La
dehesa se puede definir como un ecosistema
agroforestal (constituido a partir de la
vegetación natural por cultivos o herbazales con
arbolado) formado a partir del bosque mediterráneo
y que constituye la base física de la mayor parte
de las ganaderías de lidia, que así se configuran
como sujetos activos de la misma. Se estima que en
la Península Ibérica hay un área de unos nueve
millones de hectáreas de pastizales, de las que
alrededor de 300.000 hectáreas están dedicadas a
la producción de ganado de lidia por parte de
criadores de lidia, siendo las zonas más
abundantes el centro de las provincias castellanas
y extremeñas, y las occidentales de Andalucía y
Castilla-La Mancha. En general, las dehesas se
encuadran dentro del clima mediterráneo y se
vinculan con suelos pobres, de poco espesor,
ácidos o con tendencia a la acidez, y oligotrofos
(poco fértiles), donde la escasez de nutrientes
implica unas particulares prácticas de manejo,
tales como la concentración de recursos escasos,
la fijación de nitrógeno o el aporte externo de
nutrientes (fósforo, potasio, micro nutrientes,
etc.).
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En una dehesa
las operaciones que se destinan a la cría del
ganado bravo se distribuyen en los ámbitos
ganadero, agrícola y forestal, siendo los
componentes bióticos de la misma la vegetación
(arbolado, matorral y herbazal) y los animales
(ovino, caprino, vacuno y porcino). Para
determinar la productividad de una dehesa hay dos
aspectos clave en referencia al suelo: textura
(limo-arcillosa o arenosa) y profundidad (leñosa,
matorral o arbolado). Los factores meteorológicos,
junto con la diversidad de los suelos y la
variabilidad de su fertilidad y profundidad, nos
permite calificarlo como un entorno de difícil
gestión, muy variable, lento en sus reacciones
tecnológicas frágil y de compleja reversibilidad
cuando se realiza un manejo inadecuado. Asimismo,
es muy importante la biodiversidad vegetal, ya que
la condición botánica de la dehesa viene
determinada por el número, la abundancia y la
producción de sus especies vegetales. Dentro del
estrato arbóreo predomina la encina dulce o
bellotera; en el estrato arbustivo destacamos el
acebuche, el madroño o la coscoja, distinguiendo,
a su vez entre el matorral alto (lentisco,
olivillas, majuelo, espino albar, jara pringosa) y
el matorral bajo (espliego o cantueso tomillos,
brezos, jaguarzo, romero); y finalmente, el
estrato herbáceo, compuesto por gramíneas y
leguminosas. En su artículo el profesor Hernández
Díaz-Ambrona destaca que producción anual de los
pastos de dehesa es baja comparada con el
potencial productivo alcanzable (1,5-2
toneladas/hectárea frente a 4 toneladas/hectárea
o más), lo cual plantea sus posibilidades de
mejora con algunos métodos como la fertilización
de los pastos naturales, la corrección del pH del
suelo, la introducción de especies y variedades,
la fertilización, el mantenimiento correcto o el
control de especies adventicias para mantener una
correcta condición botánica. La dehesa constituye,
por consiguiente, un sistema dinámico y cambiante
en el tiempo y en el espacio, es decir, que no
está en equilibrio, y en este sentido se puede
afirmar que diversidad y heterogeneidad son dos
aspectos característicos de sistemas que no están
en equilibrio.
Un enfoque
complementario nos lo ofrece Pablo Campos Palacín,
investigador del CSIC, que introduce el concepto
de renta ambiental, señalando que más del 50 por
100 del precio de mercado de una dehesa de toros
bravos se puede deber a su renta ambiental auto
consumida. En este sentido, un propietario de
dehesa suele ser un inversor-consumidor que busca
obtener, con su capital inmovilizado, una cantidad
de renta de capital en dinero (con origen en las
transacciones de los bienes y servicios
comerciales) y otra cantidad de renta ambiental
auto consumida, no sólo a través del posible
disfrute personal, familiar y de otras personas
invitadas a la dehesa, sino también a través de la
revalorización mayor que puedan alcanzar las
fincas con valores ambientales superiores, ya que
el toro bravo que pasta en las dehesas tiene una
aportación al mantenimiento de las mismas superior
al de la ganadería mansa, por lo que sus dehesas
muestran un valor ambiental en el mercado superior
al precio ambiental de la ganadería mansa. Según
Campos Palacín los beneficios comerciales en las
dehesas de ganado bravo dan un valor a la hectárea
que no llegan a los dos tercios del valor
alcanzado por las dehesas de ganado manso; en
cambio, sucede lo contrario con los beneficios
ambientales de las dehesas de ganado bravo, ya que
éstas últimas multiplican por tres el precio de la
hectárea de la dehesa con ganado manso. Este
proceso se ve favorecido por el hecho de que el
precio de la dehesa depende cada día más de sus
características como finca de ocio, en la cual un
potencial comprador pagaría por disfrutar de la
ganadería y de otros aprovechamientos de la
dehesa, y por lo tanto, su propietario confía en
que si llegara el día en que no tuviera necesidad
de realizar el valor de su explotación,
previsiblemente habría un comprador que sí estaría
dispuesto a pagar por su valor capital ambiental,
ya que éste es un bien superior cuya demanda
aumenta más según aumenta la renta del país
EL TORO DE LIDIA Y LA
SOCIEDAD
A lo largo de
la historia de España, los argumentos con los que
se ha venido combatiendo la fiesta de toros
procedían de diferentes ámbitos, y cada etapa de
esa historia ha tenido su caballo de batalla,
característico y concreto, sobre la conveniencia o
no de su permanencia. En los tiempos actuales,
según la opinión de Emilio Esteban Gordo, para
algunas personas de distintos sectores de la
sociedad resulta de gran importancia, como símbolo
de falsa modernidad e inconformismo, el hecho de
declararse abiertamente anti-taurinos, aludiendo
razones de moralidad y de sensibilidad para con
los animales. Pero estas críticas son fácilmente
refutadas por la fuerte aceptación y seguimiento
que tienen los festejos taurinos, en general, y
los populares, en particular, por parte de la
sociedad española, cuyas fiestas y tradiciones
difícilmente se pueden explicar al margen del toro
de lidia. Estos festejos populares constituyen uno
de de los principales focos de demanda de la
producción ganadera, tal y como describe Esteban
Gordo en su análisis de los encierros de toros de
lidia, sueltas de reses, toros embolados o de
fuego y toros enmaromados o ensogados. En esta
época, y más concretamente en los tres últimos
lustros, la tauromaquia popular ha tomado un
impulso relevante, movida por el indudable
interés que despierta en la sociedad tanto de los
innumerables aficionados practicantes como de los
cada vez más numerosos espectadores que acuden a
las plazas pagando una entrada para presenciarlos.
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La fusión
entre la perspectiva económica de la ganadería de
lidia y su papel en la tauromaquia actual es
analizada en el artículo del profesor Juan Gómez
Castañeda, quien comienza diciendo que la
ganadería de lidia se distingue de los demás tipos
de explotaciones ganaderas porque posee un
elemento diferencial en su oferta: el toro bravo,
o más bien, su bravura. Este output diferencial
explica y justifica su protagonismo en un mercado
diferenciado y exclusivo, y es el origen de su
posible ventaja comparativa y de su específica
rentabilidad. La década de los cuarenta no
solamente comienza en España con una cabaña
ganadera brava deteriorada y debilitada, como
consecuencia de los efectos devastadores de la
guerra, sino que también en esos años triunfa el
primer torero al que puede considerarse como gran
fenómeno de masas en el sentido moderno del
término: Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete. El
cambio de la estructura de poder que origina en la
fiesta la irrupción de este torero es determinante
por varias razones: la existencia de una sociedad
que necesita el estímulo de su adhesión a figuras
triunfadoras y deslumbrantes, y la irrupción en el
escenario del negocio taurino de la figura del
apoderado. Más adelante, en el nuevo contexto
socio económico español, aparece la denominada
«tauromaquia de mercado», en la que surge y se
consolida la figura de Manuel Benítez, El
Cordobés.
El modelo de
«tauromaquia de mercado» tiene que ver con un
contexto en el que predominan los aspectos más
comerciales y de consumo, y es en este sistema
donde más deterioro han sufrido las posiciones
tradicionales del ganadero de lidia clásico. Se ha
pasado de producir el protagonista esencial de la
lidia, un animal bravo, agresivo y encastado (en
torno al que giraba tradicionalmente todo el
negocio taurino) a constituir simplemente empresas
de producción auxiliar, secundarias, que deben
acomodar su producto a la demanda de un mercado
dominado ahora por otros. Como señala el profesor
Gómez Castañeda, si los elementos diferenciales
con valor económico que ofertaba tradicionalmente
a los mercados la empresa ganadera eran la
bravura, la casta, la acometividad y la fuerza del
toro de lidia, actualmente, en el nuevo contexto
del negocio taurino, lo que más valor añade al
toro de lidia en los mercados es su docilidad, su
manejabilidad, su contribución al lucimiento del
torero, su nobleza y su falta de peligro. Así, se
podría establecer una doble denominación: los
ganaderos clásicos, en sentido estricto, que
serían exclusivamente los que hacen de la casta y
la bravura del toro su valor profesional y
económico fundamental; y los ganaderos
comerciales, que serían los que se han adaptado a
las exigencias del mercado actual, aceptando su
papel subordinado de simples proveedores de toros
que les exige el grupo dominante en la tauromaquia
de mercado. Podríamos decir que en la actualidad,
y desde la segunda mitad del siglo pasado, se ha
producido una subversión en el orden económico de
la ganadería de lidia en la que muy pocos
ganaderos han subsistido empresarial y
económicamente, y los que lo han hecho han sido
aquellos que han conseguido mantener el prestigio
de sus ganaderías en los carteles de las
principales ferias españolas o que han sido
capaces de soportar las pérdidas en las que este
sector se ha acostumbrado desgraciadamente a
operar.
A modo de
recapitulación final podemos citar que una de las
propuestas obligadas de mejora ante la
incertidumbre del futuro es la que propone el
profesor Purroy de hacer permeables las ganaderías
de lidia a los aficionados y a las personas
interesadas en conocer cómo se cría un toro de
lidia. Se trata de mostrar al mundo que la cría
del ganado de lidia es una cría natural, en
extensivo, y, por tanto, racional y ecológica, y
que si esta actividad no existiera habría
desaparecido una agrupación racial genuinamente
española y, posiblemente, también amplias zonas de
dehesa que se mantienen gracias a que en ellas se
aloja el ganado bravo. El turismo rural se ha
interesado por este tipo de ganaderías que, además
de formar a los futuros aficionados, sirven para
proporcionar un ingreso adicional a la maltrecha
economía de las ganaderías de bravo. En
definitiva, hay que huir del aislamiento y del
oscurantismo en el que se desenvolvían las
ganaderías de lidia hasta hace tan sólo unas pocas
décadas para abrirse al mundo exterior y al
progreso que todo sector ganadero se merece. El
futuro de la ganadería brava se debe asociar al
futuro de la Fiesta y el futuro de ésta va a
depender fundamentalmente de la existencia del
auténtico toro de lidia. Un factor muy
interesante de cara a la supervivencia de las
ganaderías de lidia es que se ha incorporado a las
mismas un plantel de jóvenes ganaderos, muchos de
ellos con formación universitaria dentro del campo
de la agronomía y de la veterinaria, que están
llevando a la gestión de las explotaciones de
bravo un nuevo aire, más moderno y tecnificado;
estos nuevos ganaderos únicamente pervivirán en
esta noble y apasionante actividad si la
rentabilidad de sus explotaciones es
satisfactoria.