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Víctor Arrogante
 

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TauromaquiA

 
Las notas del herradero

Ya es sabido que el herradero es una de las faenas que requiere mayor atención paciencia. Y riñones. Porque antes cuando se hacia a manso eran necesarias dos cuadrillas de gente brava y con una destreza especial para no acabar molido a golpes.

            Ahora todo se ha simplificado y con media docena de hombres bien compenetrados se hace en un santiamén. Los becerros por un lado y las hembras por otro van pasando por los chiqueros hasta llegar a la manga que con una puerta corredera de paso al mueco, al que se le cambia de cabecera y dos poleas con cuerdas para inmovilizar el cuerpo. Así de sencillo.

El herradero se implantó en 1969. Hace casi treinta años. Fue el resultado de una campaña de prensa contra el fraude de la edad, cuando se lidiaban utreros por cuatreños. Era la época en que algunos críticos defendían la integridad del toro y los derechos del público, no como ahora, que se dedican a crear figuras falsas, y desorientar al publico y a consentir el afeitado a mansalva. Fue un mal negocio para los ganaderos que desde entonces tienen que mantenerlos un año más. Pero sale de ojo que cuando salieron los toros con el guarismo del 9 en el codillo y los cuatro años legales, se retiraron “casualmente”, a ver que pasaba nada menos que Antonio Ordoñez, El Viti y el Cordobes. Luego ya es sabido que no pasó nada. Que se evitó la trampa de los años, pero al toro se le siguen haciendo perrerías de todo tipo para que sea “menos” toro.

              No vamos a describir por sabidas las labores del herradero. Se le pone la marca de la ganadería, el numero de identificación “personal” en el costillar, el guarismo del año en la paletilla y la señal en las orejas. Además, por si el animalito le quedaban algún trozo de la piel sin quemar, se le coloca la paparruchada del hierro de la Unión o de la asociación, como si no estuviera ya suficientemente identificado con la marca del ganadero, el numero y el año.

              Ya de paso, se aprovecha y se desparasitan, añadiendo además otra inyección a las hembras contra el aborto. Huelga decir que la colocación de los hierros tiene que ser cuidadosa y clara, sobre todo con las hembras cuyo numero debe quedar bien clarito porque hay que bregar con ellas toda la vida y no puede haber confusiones ni en la nota de la tienta, ni en los nacimientos cuando sea madre. Con el pelo del invierno, muchas veces es casi imposible averiguar el que lleva si no se las conoce bien a golpe de vista, porque un buen ganadero no debe necesitar mirar el numero para conocer cada vaca.

             Al margen de la faena de ponerle el numero, si el ganadero es observador y tiene afición, puede y debe tomar notas que le serán muy provechosas de cara al futuro. Sobre todo con los machos. El comportamiento de cada animal al sentir el fuego o la inmovilidad proporciona suficientes datos para tener una idea aproximada de su posterior comportamiento. Sobre todo en lo bueno y en lo malo que lleva dentro. No es lo mismo un becerro que al sentirse solo en la corraleta, escarba, berrea y recula cobardeando, al que se le arranca contra todo lo que se mueve o al que permanece tranquilo. Las hembras ya se verán con detalle en la tienta, pero con los machos hay que afinar todo lo posible, para ver luego la nota de la madre y saber si puede ir a una plaza importante o a otra de medio pelo.

           Si el becerro toma las puertas sin recelos, si acepta con entereza la chamusquina y sobre todo si sale arrancándose a los perros o se revuelve en busca de los que lo han martirizado, es muy buena señal. Lo bueno es un herradero sin estridencias, sin berreos lastimeros de manso y sin exceso de alborotadores que se meten de patas en la lumbre y forman un guirigay con los hierros para luego liarse as topetazos con todo lo que se les pone delante. Lo bueno es el becerro normal, que no hace cosas feas, que se da cuenta de las putaditas que le están haciendo y lo más que hace es el berreíto de bravo.

            El berreíto de rabia y el cabreo, completamente distinto al lamento del manso que llama a la madre. Luego que salga enterándose seriecito y se vaya al paso y muy fijo donde están sus hermanos con el cabestraje. No es frecuente que los ganaderos tomen nota de los herraderos. Yo lo vengo haciendo desde el primer año cuando herramos ¡cuatro! y se lidiaron en un festival en Burgos, donde actuaron Camino Puerta, Roberto Domínguez, Teruel, Manzanares, El Puno y el novillero Luis Reina. Ese día supe por primera vez en mi vida que un ganadero, aparentemente sereno, puede devolver de los nervios al terminar el festejo.


Herradero:

            Esta faena de campo tiene por finalidad marcar e identificar a cada becerro, mediante la colocación de unas señales en uno de sus costados. Estas marcas se realizan aplicando un hierro candente sobre la piel del becerro, quemándole el pelo, quedando de esta manera, indelebles para siempre. Las señales que se le colocan al becerro son cuatro: La primera es en el muslo, e indica el hierro identificativo de la ganadería; después, se le coloca otro hierro en la penca del rabo, significando si la ganadería es de primera , o sea, pertenece a la Unión de Criadores de Toros de Lidia, o si por el contrario, pertenece a la Asociación de Ganaderos de Reses Bravas, no se le coloca ninguna señal; en la tercera marca, que es aplicada en el costillar, indica el número de orden en que fue herrado, si bien hay ganaderos que tienen otros métodos o sistemas; por último, en la paletilla, se coloca el guarismo, es decir la última cifra del año de nacimiento del becerro.

            El herradero se realiza en invierno, cuando el becerro tiene ocho y doce meses de edad, siempre en presencia de dos representantes de la Guardia Civil y un veterinario, que al acabar el herradero levanta acta.

           Al soltar el becerro, éste va en busca de la madre, de la que fue separado anteriormente, quien le lamerá y hará cicatrizar las heridas, siendo éste el momento en que se produce la confirmación y anotación de lo que ya presentían el mayoral y el ganadero, o sea, de quien era hijo el becerro, pudiendo saber así la reata de éste, es decir, su familia.
 

según Alfonso Navalón

Víctor Arrogante

 

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 visitas   15/11/2006