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Las notas
del herradero
Ya es
sabido que el herradero es una de las
faenas que requiere mayor atención
paciencia. Y riñones. Porque antes
cuando se hacia a manso eran necesarias
dos cuadrillas de gente brava y con una
destreza especial para no acabar molido
a golpes.
Ahora todo se ha
simplificado y con media docena de
hombres bien compenetrados se hace en un
santiamén. Los becerros por un lado y
las hembras por otro van pasando por los
chiqueros hasta llegar a la manga que
con una puerta corredera de paso al
mueco, al que se le cambia de cabecera y
dos poleas con cuerdas para inmovilizar
el cuerpo. Así de sencillo.
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El herradero se implantó en 1969.
Hace casi treinta años. Fue el resultado
de una campaña de prensa contra el
fraude de la edad, cuando se lidiaban
utreros por cuatreños. Era la época en
que algunos críticos defendían la
integridad del toro y los derechos del
público, no como ahora, que se dedican a
crear figuras falsas, y desorientar al
publico y a consentir el afeitado a
mansalva. Fue un mal negocio para los
ganaderos que desde entonces tienen que
mantenerlos un año más. Pero sale de ojo
que cuando salieron los toros con el
guarismo del 9 en el codillo y los
cuatro años legales, se retiraron
“casualmente”, a ver que pasaba nada
menos que Antonio Ordoñez, El
Viti y el Cordobes. Luego ya es
sabido que no pasó nada. Que se evitó la
trampa de los años, pero al toro se le
siguen haciendo perrerías de todo tipo
para que sea “menos” toro.
No vamos a describir
por sabidas las labores del herradero.
Se le pone la marca de la ganadería, el
numero de identificación “personal” en
el costillar, el guarismo del año en la
paletilla y la señal en las orejas.
Además, por si el animalito le quedaban
algún trozo de la piel sin quemar, se le
coloca la paparruchada del hierro de la
Unión o de la asociación, como si no
estuviera ya suficientemente
identificado con la marca del ganadero,
el numero y el año.
Ya de paso, se
aprovecha y se desparasitan, añadiendo
además otra inyección a las hembras
contra el aborto. Huelga decir que la
colocación de los hierros tiene que ser
cuidadosa y clara, sobre todo con las
hembras cuyo numero debe quedar bien
clarito porque hay que bregar con ellas
toda la vida y no puede haber
confusiones ni en la nota de la tienta,
ni en los nacimientos cuando sea madre.
Con el pelo del invierno, muchas veces
es casi imposible averiguar el que lleva
si no se las conoce bien a golpe de
vista, porque un buen ganadero no debe
necesitar mirar el numero para conocer
cada vaca.
Al margen de la faena de
ponerle el numero, si el ganadero es
observador y tiene afición, puede y debe
tomar notas que le serán muy provechosas
de cara al futuro. Sobre todo con los
machos. El comportamiento de cada animal
al sentir el fuego o la inmovilidad
proporciona suficientes datos para tener
una idea aproximada de su posterior
comportamiento. Sobre todo en lo bueno y
en lo malo que lleva dentro. No es lo
mismo un becerro que al sentirse solo en
la corraleta, escarba, berrea y recula
cobardeando, al que se le arranca contra
todo lo que se mueve o al que permanece
tranquilo. Las hembras ya se verán con
detalle en la tienta, pero con los
machos hay que afinar todo lo posible,
para ver luego la nota de la madre y
saber si puede ir a una plaza importante
o a otra de medio pelo.
Si el becerro toma las
puertas sin recelos, si acepta con
entereza la chamusquina y sobre todo si
sale arrancándose a los perros o se
revuelve en busca de los que lo han
martirizado, es muy buena señal. Lo
bueno es un herradero sin estridencias,
sin berreos lastimeros de manso y sin
exceso de alborotadores que se meten de
patas en la lumbre y forman un guirigay
con los hierros para luego liarse as
topetazos con todo lo que se les pone
delante. Lo bueno es el becerro normal,
que no hace cosas feas, que se da cuenta
de las putaditas que le están haciendo y
lo más que hace es el berreíto de bravo.
El berreíto de rabia y el
cabreo, completamente distinto al
lamento del manso que llama a la madre.
Luego que salga enterándose seriecito y
se vaya al paso y muy fijo donde están
sus hermanos con el cabestraje. No es
frecuente que los ganaderos tomen nota
de los herraderos. Yo lo vengo haciendo
desde el primer año cuando herramos
¡cuatro! y se lidiaron en un festival en
Burgos, donde actuaron Camino Puerta,
Roberto Domínguez, Teruel, Manzanares,
El Puno y el novillero Luis Reina. Ese
día supe por primera vez en mi vida que
un ganadero, aparentemente sereno, puede
devolver de los nervios al terminar el
festejo.

Herradero:
Esta faena de campo tiene
por finalidad marcar e identificar a
cada becerro, mediante la colocación de
unas señales en uno de sus costados.
Estas marcas se realizan aplicando un
hierro candente sobre la piel del
becerro, quemándole el pelo, quedando de
esta manera, indelebles para siempre.
Las señales que se le colocan al becerro
son cuatro: La primera es en el muslo, e
indica el hierro identificativo de la
ganadería; después, se le coloca otro
hierro en la penca del rabo,
significando si la ganadería es de
primera , o sea, pertenece a la
Unión de Criadores de Toros de Lidia,
o si por el contrario, pertenece a la
Asociación de Ganaderos de Reses
Bravas, no se le coloca ninguna
señal; en la tercera marca, que es
aplicada en el costillar, indica el
número de orden en que fue herrado, si
bien hay ganaderos que tienen otros
métodos o sistemas; por último, en la
paletilla, se coloca el guarismo, es
decir la última cifra del año de
nacimiento del becerro.
El
herradero se realiza en invierno, cuando
el becerro tiene ocho y doce meses de
edad, siempre en presencia de dos
representantes de la Guardia Civil y un
veterinario, que al acabar el herradero
levanta acta.
Al
soltar el becerro, éste va en busca de
la madre, de la que fue separado
anteriormente, quien le lamerá y hará
cicatrizar las heridas, siendo éste el
momento en que se produce la
confirmación y anotación de lo que ya
presentían el mayoral y el ganadero, o
sea, de quien era hijo el becerro,
pudiendo saber así la reata de éste, es
decir, su familia.
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