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Nacimiento y
ahijado De la misma forma que
carecen de pudor o de intimidad para el acto
sexual y cuando le viene el celo no se esconden de
nadie, las vacas eligen cuidadosamente el sitio
más recóndito o más abrigado para parir. Como la
mayoría de
mujeres
lo tiene de noche. Coinciden también con las
mujeres en los nueve meses de embarazo aunque ya
está dicho que en el celo no se parecen en nada.
Las vacas soportan la castidad con mas naturalidad
que Isabel la Católica en la toma de Granada.
Poco más de un día les dura el celo.
Comprenderéis que encontrar una mujer que salga
solo un día a al año a machos es imposible. Pero
dejemos las “comparanzas” y digamos que las vacas
solo paren de pie cuando barruntan algo extraño a
su alrededor. Lo primero que hacen es lamer la
cría hasta que torpemente se va poniendo en pie.
Si una vaca no lame el becerro es casi seguro que
se muere si no acude al ahijador a tiempo y le
frota la piel con un saco y lo lleva a la lumbre
para darle leche o calostros hasta que se
endereza.
El becerro lamido busca instintivamente la teta
y bebe la leche a tirones hasta saciarse. Después
se queda dormido como muerto completamente
inmóvil. Puede estar cinco o seis horas seguidas
así.
Es entonces cuando mayor peligro corre y cuando
más celo pone la vaca en esconderlo. La madre
aprovecha ese momento para comer porque no lo hizo
en toda la noche y lógicamente está exhausta. Pero
lo hace vigilando constantemente el sitio donde ha
escondido la cría. Un buen ahijador debe estar
pendiente para localizarlo cuando está dormido y
colocarle el crotal con el número que va a
identificarlo hasta el día del herradero. Y evitar
que se metan con él los perros, sobre todo si son
extraños en la finca.
Un buen ahijador no debe fiarse nunca de la
vaca para localizar al recién nacido. La vaca
siempre tratará de engañarlo caminado o señalando
en sentido contrario donde lo tiene escondido. El
vaquero imita perfectamente el berreito del
becerro y esto de resultado con las primerizas que
acuden donde lo dejaron a carrera tendida. Pero
con las viejas la imitación no vale. Y además hay
que andar con mucho cuidado porque cuando la madre
sabe que el becerro ha sido descubierto se arranca
como una fiera a por el hombre. Sin embargo la
vaca brava es quizá el animal más tonto para
defender a las crías. Los perros o los lobos se
los quitan con mas facilidad que a las mansas.
Sabido es que las yeguas cuando sienten al lobo
hacen un corro y ponen en el centro a los
potrillos, vuelven ancas y se defienden a coces.
Cómo serán de temibles las coces caballares que
hasta los toros cinqueños se dejan comer el pienso
de los caballos.
Los primeros días de su vida el becerro se pasa
las horas durmiendo. La primera semana en
solitario donde lo tiene escondido la madre.
Después forman tropas y se van todos juntos
buscando el abrigo de la solana y allí se
desperezan en sus interminables siestas
colectivas. Y allí los van a buscar las madres
para darles de mamar como iban las madres antiguas
a llevarle el bocadillo a la hora del recreo en la
escuela.
Afortunadamente las ganaderías todavía no se
han inventado las guarderías infantiles y es
emocionante ver a una vaca buscando a su hijo
cuando este se pierde. Recorre todo el cercado
buscando en los sitios más recónditos y berreando
lastimeramente. Hay también madres flacas o viejas
que apenas les prestan atención porque bastante
tienen con sobrevivir.
Cuando a un becerro se le muere la madre hay
tres soluciones. O echárselo a la vaca suiza que
hay para estos casos. O criarlo a biberón
encerrado en un pajar o “doblárselo” a una vaca
que se le ha muerto la cría. Aquí es donde se pone
a prueba toda la pericia del ahijador. Porque la
madre del huérfano rechaza al intruso, salvo las
tontas que nunca faltan, el ahijador tiene un buen
remedio, desuella el becerro muerto y le coloca la
piel bien atada al adoptado. Solo identificando el
olor de la piel de su hijo la madre se dejará
engañar y aceptará como suyo al extraño.
Normalmente un becerro no necesita mayores
cuidados si esta sano y bien ahijado. Pero nunca
faltan contratiempos que requieren una minuciosa
vigilancia cada mañana y cada tarde. Para ver como
van. Lo más frecuente son las diarreas y se da en
vacas muy lecheras y becerros muy frágiles.
Hay que inyectarlos rápidamente o se mueren en una
semana. Y sobre todo tenerlos a dieta unos días.
Otro caso lamentable es el llamado “músculo
blanco” que se nota porque anda con rigidez, con
las patitas engarrotadas. Lo que llamamos “andares
de maricón” y también tiene remedio inyectándolos
al notar los primeros síntomas.
Sobre este particular hay puntos de vista
contrarios. Por ejemplo al cronista José Antonio
del Moral y al torero Ortega Cano son contrarios a
todo tratamiento de estos becerros porque les
encantaría que de toros salieran a la plaza con
esos andares. Pero esto son actitudes minoritarias
y los ganaderos siguen vacunando contra el músculo
blanco.
Y así y todo el porcentaje de toros gay es
importante. Y son los preferidos de los torreros
porque suelen ser muy nobles en la muleta. Ya
referimos algunos casos. Aunque parezca mentira un
gran numero de toros de bandera de vuelta al ruedo
o incluso indultados son maricones.

Recental:
Dícese de la res, macho o hembra, que aun no ha
pastado, y por tanto, salvo circunstancias
anómalas, se mantiene todavía mamando de la madre.
Esta época del recién nacido es aproximadamente
durante los ocho meses primeros de vida.
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