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Víctor Arrogante
 

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TauromaquiA

 
 

el toro en el campo

 
     
     
     
  El Rey del campo
El Semental
El tentadero de machos
La prueba en la plaza
Vida y costumbres de los sementales

Nacimiento y ahijado
El destete
Las notas del herradero
La tienta
   

 
El rey del campo


No te cruces nunca en la querencia natural del toro, porque te llevará por delante aunque no tenga intención de envestir. Cuando una vaca recién parida anda buscando el becerro que dejó escondido entre unas matas, trata de encontrarlo sin que ella se dé cuenta. Si la vaca se entera que buscas la cría inmediatamente empecerá a caminar en sentido opuesto, fingiendo que tiene la cría escondida en el sitio contrario donde está.

 

No se te ocurra separar o pegarle a un semental cuando está cubriendo una vaca porque despertarás en él un odio concreto hacia ti y tratará de vengarse en la primera ocasión que se presente. A veces se le pasa y se olvida después de unos días. Otras, la fijación del odio será tan obsesiva, que te perseguirá mientras viva. Y solo a ti, aunque vayas en un grupo el semental despreciará todos los demás y se irá directamente a por quien le moleste.

Cuando vayas a marcar un becerro en el campo lo primero que debes hacer es taparle la boca para que no berree. Si no lo haces, la madre vendrá hecha una fiera, aunque esté muy lejos y date por cogido.

Cuando llega el Verano y el Otoño se separan los sementales de las vacas para que descanse. Suelen quitarse el día de Santiago, 25 de julio, y se le vuelve a echar a primeros de enero o el día de la Virgen de las Candelas. Ocho días antes de Santiago y sin que los mande nadie los sementales buscan la portera para que les abran. Saben mejor que ningún calendario cuando llega el día del descanso. O será que como muchos maridos, están tan hartos de sus mujeres, que buscan una disculpa para quitarse de en medio y tomarse un respiro.

En cambio, ocho días antes de las Candelas ya está el toro semental pidiendo que le abran las portera para irse a cubrir las vacas.

Antiguamente cuando una vaca se espaldillaba, quiero decir, cuando sufría un desgarro muscular o se dislocaba en la paletilla o en la cadera, o se le salía un hueso de su sitio, se la obligaba a entrar en una charca honda o atravesar un caozo para que nadara un rato. Al nadar, el músculo o el hueso volvía a su sitio y el animal salía curado de la charca sin avisar ni molestar al veterinario.

Si al caballo le roza la cincha y se le hace una herida, échale sal y vinagre o manteca, bien cubierta la herida para que no le anden las moscas. Y no se te ocurra como algunos ponerle un trapo en el mullico. Déjale ocho días sin montar y con la herida al aire para que cicatrice antes.

Cuando pare una vaca en un corral donde hay muchas, hay que tener cuidado especial. Hay veces que en los barullos de las vacunaciones, cuando no acabas en la tarde y tienes que quedar en el corral con veinte o treinta para terminar al día siguiente, se han dado casos de parir una vaca. Hay que saca el becerro inmediatamente y no solo por el riesgo que lo pateen los demás o que le den una cornada. Hay que sacar a la madre y a la cría para que la lama. Si una vaca no lame a la cría y se encariña con ella lejos de criarla la abandona, lo primero que debe hacer un buen ganadero es cerciorarse que el becerro está bien lamido. Su madre, aunque esté flaca y vieja ya no lo abandonará nunca.

Podríamos estar hasta mañana contando estas cosas del campo. El viejo oficio de vaquero es algo sumamente sencillo cuando el sujeto se ha criado entre ganado y conoce los secretos del campo. Y tan difícil, que ningún extraño podrá entender esos misterios y esos secretos que encierra cada animal a cada hora del día y en cada época del año. En invierno es sencillísimo dominar un ciento de vacas simplemente llevando un saco de pienso al hombro. Las llevaras donde quieras. En verano, cuando están gordas y gozalonas, necesitas otras habilidades para manejarlas sin que peguen una estampida y te lleven por delante.

 
 
El semental


Lógicamente, esta serie dedicada a la vida del toro bravo debería iniciarse con el nacimiento de los becerros. Pero es todavía más lógico considerar que sin semental no puede haber becerros ni existir la ganadería. Para llegar a ese acto fugaz de la cubrición de la vaca hacen falta muchas horas de selección en las que el ganadero debe tener presentes muchas cosas decisivas.

Para empezar, hay que elegir entre los candidatos los que tengan unas condiciones especiales antes de meterlos a probar en la plaza. El macho debe tener buenas hechuras, cuello largo, pitones armónicos, pata corta, lomo recto que no sea silleto y sobre todo finura en la penca del rabo, el hocico, las pezuñas y una serie de detalles más.

Para completar está luego el tipo de la ganadería, donde por ejemplo un macho con badana es inconcebible en la línea Graciliano pero puede disculparse en algunas ganaderías de Parladé, donde al tratarse de una casta “fría” que va a mas, hay toros bastos que envisten muy bien. Pero esto son excepciones en casos de familias o reatas buenas y muy fijadas que dan bien, aunque no sean bonitos

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Después de elegido el tipo hay que irse a los libros. Mirar la parentela y las notas de sus antepasados. Se me dirá que esto debe ser lo primero, pero mal se puede elegir un semental con malas hechuras que lógicamente trasmitirá a sus hijos. Malamente pueden embestir bien los hijos de un toro corto de cuello, levantado y alto de agujas, por muy buena nota que tengan padres o abuelos. Normalmente los hijos de buenas reatas suelen ser prototipos y tener formas armónicas. Pero los misterios del salto a tras dan a veces sorpresas desagradables. Después en el campo hay que observar día a día el comportamiento y el carácter. Un futuro semental no debe ser brusco, ni alborotador, ni espantadizo. El bueno es el que pasa desapercibido porque tiene costumbres normales y es muy importante fijarse en los andares cuando va calmado o en la forma de correr cuando se les obliga a hacerlo.

Los andares son muy significativos y revelan detalles importantes de su manera de ser y de lo que llevan dentro. Un novillo de andares pausados, seguros, casi majestuosos, es ya una nota alta en cuanto a carácter, si además toma las porteras sin recelo y para colmo es fácil de manejar en los apartados, hay muchas posibilidades de estar ante una fuente de nobleza. Hay que fijarse también en la forma de ir al pienso y si al comer va a lo suyo y no se dedica a importunar a los otros recorriendo cuatro o cinco morriles. También en la observación del pienso se nota si es un animal sano y “agradecido” que va aumentando y creciendo de forma razonable. Esto es muy importante. Un futuro semental debe ser sano y fuerte. Los que “no hacen” seguramente tendrán también crías poco agradecidas. Poco “mantenidas”, que se dice, porque dentro de una misma ganadería y en la misma camada se dan animales que comiendo lo mismo unos desarrollan y otros se quedan atrasados.

Los pitones requieren una atención especial. Hay que huir de los erales excesivamente cornicortos o brochos, tanto como de los destartalados. Un semental brocho, gacho o cornicorto, puede cerrarte las puertas a las plazas serias, donde están los grandes éxitos y el buen dinero. Echar una camada pobre de cabeza es resignarse de antemano a lidiar en plazas de segunda o tercera. Los pitones deben estar colocados de tal forma que tengan seriedad sin aterrorizar a los sensibles apoderados que todos le parecen “agresivos”, ni tan cómodos que despierten la indiferencia del publico el rechazo de los veterinarios. Últimamente hay que tener un cuidado especial en esto de las cornamentas. Por una serie de razones, como puede ser la falta de calcio o de sales en las fincas o en la alimentación, se dan casos de fragilidad en las astas, siendo frecuentes los escobillados o roturas de las puntas cuando rematan en cualquier parte. Un toro normal y bien armado debe sacar virutas de los burladeros sin que se lastime el pitón.

Luego esta la historia esa del hormiguillo, una especie de polilla o carcoma que hace desmoronarse las puntas hasta quedar mogón y por lo tanto ya no sirven mas que para rejones o festivales. Lo malo del hormiguillo es que se transmite y se contagia con facilidad y tiene muy mal remedio. O por lo menos un remedio a largo plazo muy latoso.

Tomadas esta serie de medidas preliminares vamos a apartar los tres o cuatro erales de mejores hechuras y llevarlos a la plaza donde se hará la prueba definitiva. Ya han aprobado la “educación física”. Están bien hechos y sanos. Ahora vamos a ver lo que llevan dentro. A ver cómo reaccionan en la plaza cuando se sienten solos y los llama el picador.

 
 
El tentadero de machos

En Andalucía se llama tentadero de machos al acoso y derribo a campo abierto, donde los garrochistas lo ponen en suerte al picador entre la querencia natural. Esta modalidad tiene sus partidarios y sus detractores. Actualmente se hace solo en unas cuantas ganaderías andaluzas. No es frecuente en el “resto de España” y únicamente se hace entre los que sin ser andaluces, se dedican a imitarlos servilmente, algún nuevo rico que tiene hijos aficionados a la garrocha y pare Vd. de contar.

Lógicamente, la tienta a campo abierto debería servir para ver los mansos antes de echarlos a una corrida de responsabilidad. Lógicamente, debería servir para evitarle al ganadero el bochorno de las banderillas negras. No cabe duda que hay datos mucho más precisos con esta faena, que para los ganaderos que nos dedicamos simplemente a observar su comportamiento cotidiano en el careo. En la prueba a campo abierto, deberían salir los desechos para lidiarlos en novilladas o echarlos por los pueblos y los cuatro o cinco de comportamiento excepcional que son los candidatos a sementales.

Pero algo debe fallar en este divertimento de señoritos con la garrocha, porque los hechos no corresponden a lo que predican. Si a un ganadero le indultan un toro en una corrida normal por su excepcional comportamiento de bravura y nobleza, es que no lo han visto o no se ha manifestado en el tentadero a campo abierto. De lo contrario estaría de semental. Un toro indultado en la plaza, no deja de ser un fracaso del ganadero, que no se ha dado cuenta de lo que tenia en el campo. O por lo menos no lo ha sabido ver.

Cuando a los numerosos Domecq, desde “Donalvaro” a Juanpedrito, que acosan hasta las vacas suizas, se les hecha un toro de manso en plazas como Madrid, Sevilla o Jerez, o tiene un colectivo fracaso como el de las corridas falleras de Valencia y Sevilla, es evidente que la tienta de machos a campo abierto no sirve para casi nada. Porque esa mansedumbre, esa forma de cobardear, esa envestida corta y violenta, o esa forma descarada de mansear yéndose a tablas o a la mismísima puerta de chiqueros, deberían haberla previsto en la prueba a campo abierto.

Y no creo que los numerosos Domecq, por muy gitanos y muy embaucadores que sean, cometan la insensatez de echar a una feria de postín (y con la televisión por medio)un eral que se ha embrocado con la collera, que se ha salido del corredero, o que se ha defendido o negado a ir al peto. Estos mansos que se les han visto en plazas de responsabilidad. Esos otros toros con peligro cobardón que llevan la marca de los vinateros “artistas” no debieron salir al ruedo si de verdad el tentadero a campo abierto fuera una prueba seria en vez de una diversión de señoritos donde los machos aprenden resabios o sufren roturas de pata o de pitones, por mucho arte y mucho temple que derrochen en la “echá”.

También es de sentido común que el que se ha comportado de bandera en una prueba donde tiene todo el campo para huir si de verdad no es bueno lógico seria que al meterlo en la plaza, para hacer lo que ellos llaman la retienta fuera un semental cantado, porque al estar encerrado en una plaza tiene mas posibilidades de disimular sus defectos a de exagerar sus virtudes que en el campo, donde el manso se puede descubrir mucho mas fácilmente que en la plaza y el que de verdad es bravo tiene mas mérito serlo sin tapias ni burladeros.

La práctica nos dice que no es así. A la hora de la verdad, de los cuatro o cinco erales encerrados, solo sirve uno. O como mucho se torean dos. Hay por lo menos tres que se desechan de entrada a las primeras acometidas al caballo, donde ya hacen cosas feas que recomienda darle puerta. Es decir, que toda esa parafernalia de caballistas lanceros a la hora de la verdad no sirve para nada. Lo que cuenta de verdad es la tienta en la plaza, donde el que es bravo hecha el rabo arriba y se deja matar en el caballo. Luego respira, se rehace y toma cien pases en la muleta. He dicho toma la muleta, es decir se la come. Cosa bien distinta a ese dicho entre los ganaderos de ahora: “se dejó dar cien pases”.

Eso de se dejó no me vale. Es una situación humillante. No es lo mismo embestir cien veces, pronto, al cite y sin permitir al torero posturitas ni pausas, que dejarse”. El toro bravo no puede ni debe ser un sujeto pasivo, dejando la iniciativa al torero. Pero de esto ya hablaremos en el tentadero en la plaza, donde ahora la mayoría prefieren la bondad a la bravura.

 
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La prueba en la plaza

El tentadero de machos es lo mas serio que se hace en una ganadería. De lo bien o lo mal que se haga depende el futuro de muchas cosas. Por eso hay que organizarlo todo muy bien, empezando por el tiempo que es muy importante para que los erales se comporten con la mayor naturalidad posible evitando disculpas del aire, el agua o el frío. Las fechas aconsejables son los días sosegados del otoño, al terminar la temporada. Así el que se aprueba tiene tiempo sobrado de curarse, reponerse y estar dispuesto a primeros de enero para cubrir las primeras 20 vacas de prueba para ver como liga.

No debe invitarse a extraños o profanos, y no porque esto pueda influir en el juego de los muchachos, sino porque el ganadero y sus allegados deben estar concentrados con los cinco sentidos en lo que pasa en el ruedo. Y no es permisible que alguien se mueva o dé una voz a destiempo. Tradicionalmente se hace la tienta en silencio y sin público. La gente justa que debe estar. Los que tengan alguna responsabilidad, y si acaso media docena de invitados que saben comportarse y no opinan hasta el final.

Particularmente, estoy de acuerdo con esta seriedad y este silencio, Pero no deja de ser un contrasentido que si la lidia del toro se hace ante una ruidosa muchedumbre con música y griterío, Lógico seria que los futuros sementales soportaran la prueba de la forma mas real posible. Lo mas parecido al toro en la plaza. Sin embargo el ganadero arriesga tanto que no son aconsejables los tumultos.

Tampoco cualquier torero sirve para hacer una tienta de machos. Como en todo hacen falta especialistas, profesionales que sepan. Casi los manos indicados son las figuras, entre otras razones porque van contra la idea de torear uno o dos machos y a la menor oportunidad dejan las ramas para echar mano del capote y liarse a dar lances. Antes de torear un macho, hay que sopesar serenamente todo lo que hace de salida y la forma de tomar los puyazos. Hay novillos que salen muy espectaculares y crean un clima triunfalista. Van con brío y alegría al caballo. Pero a partir del tercer o cuarto puyazo bajan el tono o empiezan a hacer cosillas feas, como sonar el estribo, tardear, salirse de la suerte al llegar al peto. Con la figura que ya esta pensando en coger la muleta, es difícil desecharlo y se sigue a ver que pasa, a ver si mejora. Y eso no es. El futuro semental debe de ir de menos a más. Cada vez hay que ponerlo mas lejos del caballo y que tenga temple y fijeza y codicia, porque si tiene esas tres cosas en el caballo es casi seguro que las tendrá en la muleta. Torear a un futuro semental después de aprobarle en el caballo es muy distinto a la faena que se le hace a los toros en la plaza.

El torero en la plaza de tientas debe buscar algo mas que ligar pases bonitos y cuajar una faena. El torero debe descubrir lo que el novillo lleva dentro. Darle sitio para ver el estilo de la envestida, llevarlo largo en los primeros muletazos para ver el recorrido que tiene. Torearlo de entrada por ambos pitones con una tanda de pases por cada uno, y ya vistas estas condiciones preliminares, comprobar si va “a romper”. Es decir, que además de admitir pases aislados tome la muleta con continuidad, codicia y fijeza. Y para eso, es muy importante plantear la faena en los medios, para que no haya querencias ni pases a favor de obra. Así, obligándole a estar en los medios se sabrá si realmente es bravo y aguanta allí la pelea o se raja y va poco a poco abriéndose de la muleta y buscando las tablas donde los de poca casta se sienten mas a gusto y en vez de envestir lo que hacen es ir y venir. A un futuro semental no se le debe torear nunca cerca de las tapias de la plaza. Si tiene bondad y nobleza se dejará torear y puede parecer bueno, paro la verdadera bravura busca los medios y nos las tablas.

Superadas las pruebas, queda ya la nota suprema: Abrir la puerta. Y puede ocurrir que se niegue a salir, o lo que es mejor, que después de salir vuelva en busca de la puerta. Si entonces lo vuelve a citar el picador y acude a tomar ese puyazo fuera de todas las previsiones, es que estamos ante un ejemplar fuera de serie. Pero no acaba ahí la prueba del semental. Hace falta que ligue. La mejor tienta es la nota de las crías. Si da un porcentaje alto de aprobadas ya no hay ninguna duda. Si después de haber sido superior en la tienta, luego hecha becerras de desecho es que no vale nada. Lo dicho la mejor tienta son sus productos. Que ligue bien. Como veréis la vida del ganadero está llena de sorpresas apasionantes.

El semental y las vacas

En toda ganadería de bravo estos dos elementos son los dos pilares fundamentales en lo que se basa. Por una parte, están los sementales -el numero de los cuales depende de la ganadería-, son los encargados de mantener la línea de la ganadería, definiendo su tipo y hechuras, y transmitiendo sus características de bravura. Son elegidos, antes de tentaderos, por hechuras y reata, ya que su físico es tan importante como su bravura.
Por otra parte están las vacas de vientre, es decir, las que han pasado la prueba de la tienta, que representan el verdadero patrimonio de una ganadería, ya que cuando queremos calibrar la importancia de una ganadería, no nos fijaremos en el número de toros de saca que tiene, sino en el número de vacas bravas de que dispone. Es criterio generalizado entre los ganaderos que los sementales trasmiten su aspecto físico, mientras que las vaca transmite principalmente las características de bravura: genero, raza, nobleza...
Los sementales son echados a las vacas del uno de enero al veinticuatro de junio, San Juan, cubriendo cada semental de quince a veinte vacas, dependiendo de su edad y los resultados que vayan dando, siendo la cubrición tanto más rápida, cuanto mayor es la edad del macho. El semental tiene vida reproductora plena hasta los diez-doce años, y la vaca hasta los ocho-diez, pasados los cuales se sacrifican o destinan a capeas, y los sementales se lidian en una plaza a puerta cerrada, o se dejan morir de viejo.


Las curas de un toro indultado:

Esta imagen, poco frecuente, corresponde a la cura de un toro indultado en la plaza, que es el toro que por extraordinaria bravura se le perdona la vida, y es llevado a la finca de la que procede para que sea semental. Se realiza una primera cura de urgencia en los corrales de la plaza por los veterinarios, y posteriormente, una vez trasladado a la finca, se realizan cuantas sean necesarias hasta la total recuperación del toro.
No siempre el toro consigue salvar la vida, pues a parte de la perdida de sangre, en ocasiones sufren destrozos en órganos vitales producidos por los puyazos en la suerte de varas principalmente, y que a veces, son irreparables.

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Vida y costumbre del semental

Lo normal es que cada semental tenga que cumplir con cincuenta vacas. Hay fincas con muchos cercados que se distribuyen en lotes de cuarenta. Son las menos. En otras más modestas y con menos acomodos, al toro le toca cubrir sesenta y hasta ochenta vacas. Hay ganaderos que las tienen todas juntas y echan un semental hasta mayo y otro hasta el día de Santiago que es cuando suelen retirarse. No hay normas generales. Cada cual se arregla con lo que tiene o con lo que puede. Repito que lo habitual son lotes de medio ciento de hembras por cada macho.

A los sementales nuevos se les prueba el primer año con veinte vacas y luego están tres sin cubrir hasta que se comprueba el resultado de las crías. Cuando el toro va viejo, también se le pone un grupo reducido. Normalmente, a los quince años ya están prácticamente agotados. Hay excepciones como “Tejedor” de Arranz que se murió a los 22 años y estuvo cubriendo hasta las últimas. Pero es poco frecuente. Como norma general cuando el toro empieza a envejecer, flojean ya la calidad de sus productos. Por el lógico desgaste, liga peor y sus crías empiezan a sacar más defectos. Un buen semental puede servir desde los cinco o seis años en que se echa definitivamente, después de probar las crías hasta los quince, pero dos o tres años mas en plan residual.

El comportamiento de estos machos como auténticos reyes de la ganadería, es distinto al de cualquier toro de camada, que como sabemos, mueren vírgenes porque no se les deja cubrir a ninguna hembra. Estos toros de la camada que van a morir en la plaza se desahogan masturbándose o montando a los dos o tres más débiles, que hacen de maricones pasivos y suelen dar muy buen juego en la plaza. En cambio, el semental tiene plena conciencia de su rango como si supiera que tiene derecho a un cuidado especial. Y así es. Todos los años antes de ir a sus deberes se les desparasita del pulmón, intestinos, e hígado, luego un choque de vitaminas y ya está listo para los siete meses de “trabajo”. Al terminar, a finales de julio, se repite el tratamiento y queda libre para los cinco mese de descanso, en que vive en un cercado separado de los demás “compañeros” o en la cerca de los becerros destetados por aquello de que los viejos y los niños hacen buenas migas.

Es curioso, cómo sin tener calendario, unos días antes de los primeros de enero ya está el semental buscando la portera del cercado de las hembras, impaciente para que le abran y marcharse con su harén. Lo mismo ocurre al final de la cubrición el toro, presintiendo su descanso, empieza también a buscar la portera para que lo separen de las vacas. Como un marido aburrido.

El comportamiento de los sementales con las hembras también tiene sus rarezas, por ejemplo, cuando le echan el pienso no deja comer a la vaca que está cubriendo y sin embargo hay casos excepcionales en que el toro, por galantería, deja una parte del pienso para que como su compañera que casi siempre suele ser una vaca joven. En el celo pasa lo mismo. El toro va en busca de las eralas y las utreras, pero a las viejas ni le hace caso. Las espera. Tienen que ir a buscarlo y a provocarlo. Si en el mismo día salen dos vacas a macho, se da por descontado que se va con la mas joven y desdeña a la otra, que tarda 21 días a volver a tener el celo.

En algunas ganaderías se usa el “recela” que es un eral cuya misión es “provocar” los celos a un semental perezoso o algo frío. Cuando el toro ve al novillo detrás de una vaca se la quita rápidamente. De otro modo a lo pero se quedaba sin cubrir. Pero esto apenas se hace ya. El celo de la vaca puede durar dos días escasos. Suele empezar al atardecer y dura hasta el anochecer del día siguiente. El toro es monógamo a pesar de estar con tantas, nunca cubre dos en el mismo día. Se dedica enteramente a una y cuando se le pasa el celo se va con otra. No va con dos a la vez. Nunca se te ocurra interrumpir a un toro cuando esté haciendo el amor. No lo olvidará fácilmente y aunque los sementales no suelen ser agresivos ni arrancarse en el campo, se le despierta una fijación de odio hacia la persona concreta que le interrumpió el coito y lo perseguirá allí donde lo vea. Sólo a él, aunque con el resto del personal de la finca tenga un comportamiento pacifico.

Historias de sementales pueden contarse miles, pero hay una común a todos. Se vuelven locos cuando ven a una vaca suiza de las que sirven de nodrizas para un becerro huérfano o atrasado o una mansa de pelaje claro. Lo de las suizas es asombroso, deben encontrarlas más atractivas al verlas más opulentas. O será el color blanco. Es el mismo caso de los negros que sienten una atracción especial por las rubias y las nórdicas. Y al parecer éstas por los morenos. El racismo que también se da en los animales, tiene sus excepciones cuando surge el sexo. En eso y en la predilección por las jovencitas se parecen a muchos hombres.

Añojo:


Denominación utilizada para indicar la edad de la res, la cual se le da al becerro cuando deja de ser recental, es decir, cuando ha dejado de mamar, momento en el que es herrado y hasta cumplir los dos años de vida.

 

 

 

 

según Alfonso Navalón

Víctor Arrogante

 

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 visitas   15/11/2006