|
|
|
| |
|
El rey del campo
No te cruces nunca en la querencia
natural del toro, porque te llevará
por delante aunque no tenga
intención de envestir. Cuando una
vaca recién parida anda buscando el
becerro que dejó escondido entre
unas matas, trata de encontrarlo sin
que ella se dé cuenta. Si la vaca se
entera que buscas la cría
inmediatamente empecerá a caminar en
sentido opuesto, fingiendo que tiene
la cría escondida en el sitio
contrario donde está.
No se te ocurra separar o pegarle
a un semental cuando está cubriendo
una vaca porque despertarás en él un
odio concreto hacia ti y tratará de
vengarse en la primera ocasión que
se presente. A veces se le pasa y se
olvida después de unos días. Otras,
la fijación del odio será tan
obsesiva, que te perseguirá mientras
viva. Y solo a ti, aunque vayas en
un grupo el semental despreciará
todos los demás y se irá
directamente a por quien le moleste.
Cuando vayas a marcar un becerro
en el campo lo primero que debes
hacer es taparle la boca para que no
berree. Si no lo haces, la madre
vendrá hecha una fiera, aunque esté
muy lejos y date por cogido.
Cuando llega el Verano y el Otoño
se separan los sementales de las
vacas para que descanse. Suelen
quitarse el día de Santiago, 25 de
julio, y se le vuelve a echar a
primeros de enero o el día de la
Virgen de las Candelas. Ocho días
antes de Santiago y sin que los
mande nadie los sementales buscan la
portera para que les abran. Saben
mejor que ningún calendario cuando
llega el día del descanso. O será
que como muchos maridos, están tan
hartos de sus mujeres, que buscan
una disculpa para quitarse de en
medio y tomarse un respiro.
En cambio, ocho días antes de las
Candelas ya está el toro semental
pidiendo que le abran las portera
para irse a cubrir las vacas.
Antiguamente cuando una vaca se
espaldillaba, quiero decir, cuando
sufría un desgarro muscular o se
dislocaba en la paletilla o en la
cadera, o se le salía un hueso de su
sitio, se la obligaba a entrar en
una charca honda o atravesar un
caozo para que nadara un rato. Al
nadar, el músculo o el hueso volvía
a su sitio y el animal salía curado
de la charca sin avisar ni molestar
al veterinario.
Si al caballo le roza la cincha y
se le hace una herida, échale sal y
vinagre o manteca, bien cubierta la
herida para que no le anden las
moscas. Y no se te ocurra como
algunos ponerle un trapo en el
mullico. Déjale ocho días sin montar
y con la herida al aire para que
cicatrice antes.
Cuando pare una vaca en un corral
donde hay muchas, hay que tener
cuidado especial. Hay veces que en
los barullos de las vacunaciones,
cuando no acabas en la tarde y
tienes que quedar en el corral con
veinte o treinta para terminar al
día siguiente, se han dado casos de
parir una vaca. Hay que saca el
becerro inmediatamente y no solo por
el riesgo que lo pateen los demás o
que le den una cornada. Hay que
sacar a la madre y a la cría para
que la lama. Si una vaca no lame a
la cría y se encariña con ella lejos
de criarla la abandona, lo primero
que debe hacer un buen ganadero es
cerciorarse que el becerro está bien
lamido. Su madre, aunque esté flaca
y vieja ya no lo abandonará nunca.
Podríamos estar hasta mañana
contando estas cosas del campo. El
viejo oficio de vaquero es algo
sumamente sencillo cuando el sujeto
se ha criado entre ganado y conoce
los secretos del campo. Y tan
difícil, que ningún extraño podrá
entender esos misterios y esos
secretos que encierra cada animal a
cada hora del día y en cada época
del año. En invierno es sencillísimo
dominar un ciento de vacas
simplemente llevando un saco de
pienso al hombro. Las llevaras donde
quieras. En verano, cuando están
gordas y gozalonas, necesitas otras
habilidades para manejarlas sin que
peguen una estampida y te lleven por
delante. |
|
|
 |
|
| |
|
El semental
Lógicamente, esta serie dedicada a
la vida del toro bravo debería
iniciarse con el nacimiento de los
becerros. Pero es todavía más lógico
considerar que sin semental no puede
haber becerros ni existir la
ganadería. Para llegar a ese acto
fugaz de la cubrición de la vaca
hacen falta muchas horas de
selección en las que el ganadero
debe tener presentes muchas cosas
decisivas.
Para empezar, hay que elegir
entre los candidatos los que tengan
unas condiciones especiales antes de
meterlos a probar en la plaza. El
macho debe tener buenas hechuras,
cuello largo, pitones armónicos,
pata corta, lomo recto que no sea
silleto y sobre todo finura en la
penca del rabo, el hocico, las
pezuñas y una serie de detalles más.
Para completar está luego el tipo
de la ganadería, donde por ejemplo
un macho con badana es inconcebible
en la línea Graciliano pero puede
disculparse en algunas ganaderías de
Parladé, donde al tratarse de una
casta “fría” que va a mas, hay toros
bastos que envisten muy bien. Pero
esto son excepciones en casos de
familias o reatas buenas y muy
fijadas que dan bien, aunque no sean
bonitos
.
Después de elegido el tipo hay
que irse a los libros. Mirar la
parentela y las notas de sus
antepasados. Se me dirá que esto
debe ser lo primero, pero mal se
puede elegir un semental con malas
hechuras que lógicamente trasmitirá
a sus hijos. Malamente pueden
embestir bien los hijos de un toro
corto de cuello, levantado y alto de
agujas, por muy buena nota que
tengan padres o abuelos. Normalmente
los hijos de buenas reatas suelen
ser prototipos y tener formas
armónicas. Pero los misterios del
salto a tras dan a veces sorpresas
desagradables. Después en el campo
hay que observar día a día el
comportamiento y el carácter. Un
futuro semental no debe ser brusco,
ni alborotador, ni espantadizo. El
bueno es el que pasa desapercibido
porque tiene costumbres normales y
es muy importante fijarse en los
andares cuando va calmado o en la
forma de correr cuando se les obliga
a hacerlo.
Los andares son muy
significativos y revelan detalles
importantes de su manera de ser y de
lo que llevan dentro. Un novillo de
andares pausados, seguros, casi
majestuosos, es ya una nota alta en
cuanto a carácter, si además toma
las porteras sin recelo y para colmo
es fácil de manejar en los
apartados, hay muchas posibilidades
de estar ante una fuente de nobleza.
Hay que fijarse también en la forma
de ir al pienso y si al comer va a
lo suyo y no se dedica a importunar
a los otros recorriendo cuatro o
cinco morriles. También en la
observación del pienso se nota si es
un animal sano y “agradecido” que va
aumentando y creciendo de forma
razonable. Esto es muy importante.
Un futuro semental debe ser sano y
fuerte. Los que “no hacen”
seguramente tendrán también crías
poco agradecidas. Poco “mantenidas”,
que se dice, porque dentro de una
misma ganadería y en la misma camada
se dan animales que comiendo lo
mismo unos desarrollan y otros se
quedan atrasados.
Los pitones requieren una
atención especial. Hay que huir de
los erales excesivamente cornicortos
o brochos, tanto como de los
destartalados. Un semental brocho,
gacho o cornicorto, puede cerrarte
las puertas a las plazas serias,
donde están los grandes éxitos y el
buen dinero. Echar una camada pobre
de cabeza es resignarse de antemano
a lidiar en plazas de segunda o
tercera. Los pitones deben estar
colocados de tal forma que tengan
seriedad sin aterrorizar a los
sensibles apoderados que todos le
parecen “agresivos”, ni tan cómodos
que despierten la indiferencia del
publico el rechazo de los
veterinarios. Últimamente hay que
tener un cuidado especial en esto de
las cornamentas. Por una serie de
razones, como puede ser la falta de
calcio o de sales en las fincas o en
la alimentación, se dan casos de
fragilidad en las astas, siendo
frecuentes los escobillados o
roturas de las puntas cuando rematan
en cualquier parte. Un toro normal y
bien armado debe sacar virutas de
los burladeros sin que se lastime el
pitón.
Luego esta la historia esa del
hormiguillo, una especie de polilla
o carcoma que hace desmoronarse las
puntas hasta quedar mogón y por lo
tanto ya no sirven mas que para
rejones o festivales. Lo malo del
hormiguillo es que se transmite y se
contagia con facilidad y tiene muy
mal remedio. O por lo menos un
remedio a largo plazo muy latoso.
Tomadas esta serie de medidas
preliminares vamos a apartar los
tres o cuatro erales de mejores
hechuras y llevarlos a la plaza
donde se hará la prueba definitiva.
Ya han aprobado la “educación
física”. Están bien hechos y sanos.
Ahora vamos a ver lo que llevan
dentro. A ver cómo reaccionan en la
plaza cuando se sienten solos y los
llama el picador. |
|
|
 |
|
| |
|
El
tentadero de machos
En Andalucía se llama tentadero de
machos al acoso y derribo a campo
abierto, donde los garrochistas lo
ponen en suerte al picador entre la
querencia natural. Esta modalidad
tiene sus partidarios y sus
detractores. Actualmente se hace
solo en unas cuantas ganaderías
andaluzas. No es frecuente en el
“resto de España” y únicamente se
hace entre los que sin ser
andaluces, se dedican a imitarlos
servilmente, algún nuevo rico que
tiene hijos aficionados a la
garrocha y pare Vd. de contar.
Lógicamente, la tienta a campo
abierto debería servir para ver los
mansos antes de echarlos a una
corrida de responsabilidad.
Lógicamente, debería servir para
evitarle al ganadero el bochorno de
las banderillas negras. No cabe duda
que hay datos mucho más precisos con
esta faena, que para los ganaderos
que nos dedicamos simplemente a
observar su comportamiento cotidiano
en el careo. En la prueba a campo
abierto, deberían salir los desechos
para lidiarlos en novilladas o
echarlos por los pueblos y los
cuatro o cinco de comportamiento
excepcional que son los candidatos a
sementales.
Pero algo debe fallar en este
divertimento de señoritos con la
garrocha, porque los hechos no
corresponden a lo que predican. Si a
un ganadero le indultan un toro en
una corrida normal por su
excepcional comportamiento de
bravura y nobleza, es que no lo han
visto o no se ha manifestado en el
tentadero a campo abierto. De lo
contrario estaría de semental. Un
toro indultado en la plaza, no deja
de ser un fracaso del ganadero, que
no se ha dado cuenta de lo que tenia
en el campo. O por lo menos no lo ha
sabido ver.
Cuando a los numerosos Domecq,
desde “Donalvaro” a Juanpedrito, que
acosan hasta las vacas suizas, se
les hecha un toro de manso en plazas
como Madrid, Sevilla o Jerez, o
tiene un colectivo fracaso como el
de las corridas falleras de Valencia
y Sevilla, es evidente que la tienta
de machos a campo abierto no sirve
para casi nada. Porque esa
mansedumbre, esa forma de cobardear,
esa envestida corta y violenta, o
esa forma descarada de mansear
yéndose a tablas o a la mismísima
puerta de chiqueros, deberían
haberla previsto en la prueba a
campo abierto.
Y no creo que los numerosos
Domecq, por muy gitanos y muy
embaucadores que sean, cometan la
insensatez de echar a una feria de
postín (y con la televisión por
medio)un eral que se ha embrocado
con la collera, que se ha salido del
corredero, o que se ha defendido o
negado a ir al peto. Estos mansos
que se les han visto en plazas de
responsabilidad. Esos otros toros
con peligro cobardón que llevan la
marca de los vinateros “artistas” no
debieron salir al ruedo si de verdad
el tentadero a campo abierto fuera
una prueba seria en vez de una
diversión de señoritos donde los
machos aprenden resabios o sufren
roturas de pata o de pitones, por
mucho arte y mucho temple que
derrochen en la “echá”.
También es de sentido común que
el que se ha comportado de bandera
en una prueba donde tiene todo el
campo para huir si de verdad no es
bueno lógico seria que al meterlo en
la plaza, para hacer lo que ellos
llaman la retienta fuera un semental
cantado, porque al estar encerrado
en una plaza tiene mas posibilidades
de disimular sus defectos a de
exagerar sus virtudes que en el
campo, donde el manso se puede
descubrir mucho mas fácilmente que
en la plaza y el que de verdad es
bravo tiene mas mérito serlo sin
tapias ni burladeros.
La práctica nos dice que no es
así. A la hora de la verdad, de los
cuatro o cinco erales encerrados,
solo sirve uno. O como mucho se
torean dos. Hay por lo menos tres
que se desechan de entrada a las
primeras acometidas al caballo,
donde ya hacen cosas feas que
recomienda darle puerta. Es decir,
que toda esa parafernalia de
caballistas lanceros a la hora de la
verdad no sirve para nada. Lo que
cuenta de verdad es la tienta en la
plaza, donde el que es bravo hecha
el rabo arriba y se deja matar en el
caballo. Luego respira, se rehace y
toma cien pases en la muleta. He
dicho toma la muleta, es decir se la
come. Cosa bien distinta a ese dicho
entre los ganaderos de ahora: “se
dejó dar cien pases”.
Eso de se dejó no me vale. Es una
situación humillante. No es lo mismo
embestir cien veces, pronto, al cite
y sin permitir al torero posturitas
ni pausas, que dejarse”. El toro
bravo no puede ni debe ser un sujeto
pasivo, dejando la iniciativa al
torero. Pero de esto ya hablaremos
en el tentadero en la plaza, donde
ahora la mayoría prefieren la bondad
a la bravura. |
|
|
 |
|
|
- |
|
La
prueba en la plaza
El tentadero de machos es lo mas
serio que se hace en una ganadería.
De lo bien o lo mal que se haga
depende el futuro de muchas cosas.
Por eso hay que organizarlo todo muy
bien, empezando por el tiempo que es
muy importante para que los erales
se comporten con la mayor
naturalidad posible evitando
disculpas del aire, el agua o el
frío. Las fechas aconsejables son
los días sosegados del otoño, al
terminar la temporada. Así el que se
aprueba tiene tiempo sobrado de
curarse, reponerse y estar dispuesto
a primeros de enero para cubrir las
primeras 20 vacas de prueba para ver
como liga.
No debe invitarse a extraños o
profanos, y no porque esto pueda
influir en el juego de los
muchachos, sino porque el ganadero y
sus allegados deben estar
concentrados con los cinco sentidos
en lo que pasa en el ruedo. Y no es
permisible que alguien se mueva o dé
una voz a destiempo.
Tradicionalmente se hace la tienta
en silencio y sin público. La gente
justa que debe estar. Los que tengan
alguna responsabilidad, y si acaso
media docena de invitados que saben
comportarse y no opinan hasta el
final.
Particularmente, estoy de acuerdo
con esta seriedad y este silencio,
Pero no deja de ser un contrasentido
que si la lidia del toro se hace
ante una ruidosa muchedumbre con
música y griterío, Lógico seria que
los futuros sementales soportaran la
prueba de la forma mas real posible.
Lo mas parecido al toro en la plaza.
Sin embargo el ganadero arriesga
tanto que no son aconsejables los
tumultos.
Tampoco cualquier torero sirve
para hacer una tienta de machos.
Como en todo hacen falta
especialistas, profesionales que
sepan. Casi los manos indicados son
las figuras, entre otras razones
porque van contra la idea de torear
uno o dos machos y a la menor
oportunidad dejan las ramas para
echar mano del capote y liarse a dar
lances. Antes de torear un macho,
hay que sopesar serenamente todo lo
que hace de salida y la forma de
tomar los puyazos. Hay novillos que
salen muy espectaculares y crean un
clima triunfalista. Van con brío y
alegría al caballo. Pero a partir
del tercer o cuarto puyazo bajan el
tono o empiezan a hacer cosillas
feas, como sonar el estribo, tardear,
salirse de la suerte al llegar al
peto. Con la figura que ya esta
pensando en coger la muleta, es
difícil desecharlo y se sigue a ver
que pasa, a ver si mejora. Y eso no
es. El futuro semental debe de ir de
menos a más. Cada vez hay que
ponerlo mas lejos del caballo y que
tenga temple y fijeza y codicia,
porque si tiene esas tres cosas en
el caballo es casi seguro que las
tendrá en la muleta. Torear a un
futuro semental después de aprobarle
en el caballo es muy distinto a la
faena que se le hace a los toros en
la plaza.
El torero en la plaza de tientas
debe buscar algo mas que ligar pases
bonitos y cuajar una faena. El
torero debe descubrir lo que el
novillo lleva dentro. Darle sitio
para ver el estilo de la envestida,
llevarlo largo en los primeros
muletazos para ver el recorrido que
tiene. Torearlo de entrada por ambos
pitones con una tanda de pases por
cada uno, y ya vistas estas
condiciones preliminares, comprobar
si va “a romper”. Es decir, que
además de admitir pases aislados
tome la muleta con continuidad,
codicia y fijeza. Y para eso, es muy
importante plantear la faena en los
medios, para que no haya querencias
ni pases a favor de obra. Así,
obligándole a estar en los medios se
sabrá si realmente es bravo y
aguanta allí la pelea o se raja y va
poco a poco abriéndose de la muleta
y buscando las tablas donde los de
poca casta se sienten mas a gusto y
en vez de envestir lo que hacen es
ir y venir. A un futuro semental no
se le debe torear nunca cerca de las
tapias de la plaza. Si tiene bondad
y nobleza se dejará torear y puede
parecer bueno, paro la verdadera
bravura busca los medios y nos las
tablas.
Superadas las pruebas, queda ya
la nota suprema: Abrir la puerta. Y
puede ocurrir que se niegue a salir,
o lo que es mejor, que después de
salir vuelva en busca de la puerta.
Si entonces lo vuelve a citar el
picador y acude a tomar ese puyazo
fuera de todas las previsiones, es
que estamos ante un ejemplar fuera
de serie. Pero no acaba ahí la
prueba del semental. Hace falta que
ligue. La mejor tienta es la nota de
las crías. Si da un porcentaje alto
de aprobadas ya no hay ninguna duda.
Si después de haber sido superior en
la tienta, luego hecha becerras de
desecho es que no vale nada. Lo
dicho la mejor tienta son sus
productos. Que ligue bien. Como
veréis la vida del ganadero está
llena de sorpresas apasionantes.
El
semental y las vacas
En toda
ganadería de bravo estos dos
elementos son los dos pilares
fundamentales en lo que se basa. Por
una parte, están los sementales -el
numero de los cuales depende de la
ganadería-, son los encargados de
mantener la línea de la ganadería,
definiendo su tipo y hechuras, y
transmitiendo sus características de
bravura. Son elegidos, antes de
tentaderos, por hechuras y reata, ya
que su físico es tan importante como
su bravura.
Por otra parte están las vacas de
vientre, es decir, las que han
pasado la prueba de la tienta, que
representan el verdadero patrimonio
de una ganadería, ya que cuando
queremos calibrar la importancia de
una ganadería, no nos fijaremos en
el número de toros de saca que
tiene, sino en el número de vacas
bravas de que dispone. Es criterio
generalizado entre los ganaderos que
los sementales trasmiten su aspecto
físico, mientras que las vaca
transmite principalmente las
características de bravura: genero,
raza, nobleza...
Los sementales son echados a las
vacas del uno de enero al
veinticuatro de junio, San Juan,
cubriendo cada semental de quince a
veinte vacas, dependiendo de su edad
y los resultados que vayan dando,
siendo la cubrición tanto más
rápida, cuanto mayor es la edad del
macho. El semental tiene vida
reproductora plena hasta los
diez-doce años, y la vaca hasta los
ocho-diez, pasados los cuales se
sacrifican o destinan a capeas, y
los sementales se lidian en una
plaza a puerta cerrada, o se dejan
morir de viejo.
Las
curas de un toro indultado:
Esta
imagen, poco frecuente, corresponde
a la cura de un toro indultado en la
plaza, que es el toro que por
extraordinaria bravura se le perdona
la vida, y es llevado a la finca de
la que procede para que sea
semental. Se realiza una primera
cura de urgencia en los corrales de
la plaza por los veterinarios, y
posteriormente, una vez trasladado a
la finca, se realizan cuantas sean
necesarias hasta la total
recuperación del toro.
No siempre el toro consigue salvar
la vida, pues a parte de la perdida
de sangre, en ocasiones sufren
destrozos en órganos vitales
producidos por los puyazos en la
suerte de varas principalmente, y
que a veces, son irreparables. |
|
|
|
- |
|
|
 |
|
Vida y costumbre del semental
Lo normal es que cada semental tenga que
cumplir con cincuenta vacas. Hay fincas
con muchos cercados que se distribuyen
en lotes de cuarenta. Son las menos. En
otras más modestas y con menos acomodos,
al toro le toca cubrir sesenta y hasta
ochenta vacas. Hay ganaderos que las
tienen todas juntas y echan un semental
hasta mayo y otro hasta el día de
Santiago que es cuando suelen retirarse.
No hay normas generales. Cada cual se
arregla con lo que tiene o con lo que
puede. Repito que lo habitual son lotes
de medio ciento de he mbras
por cada macho.
A los sementales nuevos se les prueba
el primer año con veinte vacas y luego
están tres sin cubrir hasta que se
comprueba el resultado de las crías.
Cuando el toro va viejo, también se le
pone un grupo reducido. Normalmente, a
los quince años ya están prácticamente
agotados. Hay excepciones como “Tejedor”
de Arranz que se murió a los 22 años y
estuvo cubriendo hasta las últimas. Pero
es poco frecuente. Como norma general
cuando el toro empieza a envejecer,
flojean ya la calidad de sus productos.
Por el lógico desgaste, liga peor y sus
crías empiezan a sacar más defectos. Un
buen semental puede servir desde los
cinco o seis años en que se echa
definitivamente, después de probar las
crías hasta los quince, pero dos o tres
años mas en plan residual.
El comportamiento de estos machos
como auténticos reyes de la ganadería,
es distinto al de cualquier toro de
camada, que como sabemos, mueren
vírgenes porque no se les deja cubrir a
ninguna hembra. Estos toros de la camada
que van a morir en la plaza se desahogan
masturbándose o montando a los dos o
tres más débiles, que hacen de maricones
pasivos y suelen dar muy buen juego en
la plaza. En cambio, el semental tiene
plena conciencia de su rango como si
supiera que tiene derecho a un cuidado
especial. Y así es. Todos los años antes
de ir a sus deberes se les desparasita
del pulmón, intestinos, e hígado, luego
un choque de vitaminas y ya está listo
para los siete meses de “trabajo”. Al
terminar, a finales de julio, se repite
el tratamiento y queda libre para los
cinco mese de descanso, en que vive en
un cercado separado de los demás
“compañeros” o en la cerca de los
becerros destetados por aquello de que
los viejos y los niños hacen buenas
migas.
Es curioso, cómo sin tener
calendario, unos días antes de los
primeros de enero ya está el semental
buscando la portera del cercado de las
hembras, impaciente para que le abran y
marcharse con su harén. Lo mismo ocurre
al final de la cubrición el toro,
presintiendo su descanso, empieza
también a buscar la portera para que lo
separen de las vacas. Como un marido
aburrido.
El comportamiento de los sementales
con las hembras también tiene sus
rarezas, por ejemplo, cuando le echan el
pienso no deja comer a la vaca que está
cubriendo y sin embargo hay casos
excepcionales en que el toro, por
galantería, deja una parte del pienso
para que como su compañera que casi
siempre suele ser una vaca joven. En el
celo pasa lo mismo. El toro va en busca
de las eralas y las utreras, pero a las
viejas ni le hace caso. Las espera.
Tienen que ir a buscarlo y a provocarlo.
Si en el mismo día salen dos vacas a
macho, se da por descontado que se va
con la mas joven y desdeña a la otra,
que tarda 21 días a volver a tener el
celo.
En algunas ganaderías se usa el
“recela” que es un eral cuya misión es
“provocar” los celos a un semental
perezoso o algo frío. Cuando el toro ve
al novillo detrás de una vaca se la
quita rápidamente. De otro modo a lo
pero se quedaba sin cubrir. Pero esto
apenas se hace ya. El celo de la vaca
puede durar dos días escasos. Suele
empezar al atardecer y dura hasta el
anochecer del día siguiente. El toro es
monógamo a pesar de estar con tantas,
nunca cubre dos en el mismo día. Se
dedica enteramente a una y cuando se le
pasa el celo se va con otra. No va con
dos a la vez. Nunca se te ocurra
interrumpir a un toro cuando esté
haciendo el amor. No lo olvidará
fácilmente y aunque los sementales no
suelen ser agresivos ni arrancarse en el
campo, se le despierta una fijación de
odio hacia la persona concreta que le
interrumpió el coito y lo perseguirá
allí donde lo vea. Sólo a él, aunque con
el resto del personal de la finca tenga
un comportamiento pacifico.
Historias de sementales pueden
contarse miles, pero hay una común a
todos. Se vuelven locos cuando ven a una
vaca suiza de las que sirven de nodrizas
para un becerro huérfano o atrasado o
una mansa de pelaje claro. Lo de las
suizas es asombroso, deben encontrarlas
más atractivas al verlas más opulentas.
O será el color blanco. Es el mismo caso
de los negros que sienten una atracción
especial por las rubias y las nórdicas.
Y al parecer éstas por los morenos. El
racismo que también se da en los
animales, tiene sus excepciones cuando
surge el sexo. En eso y en la
predilección por las jovencitas se
parecen a muchos hombres.

Añojo:
Denominación utilizada para indicar la
edad de la res, la cual se le da al
becerro cuando deja de ser recental, es
decir, cuando ha dejado de mamar,
momento en el que es herrado y hasta
cumplir los dos años de vida.
|
según Alfonso Navalón
|
|
|
|
|
|
|
|