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Víctor Arrogante
 

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TauromaquiA

 
José Miguel Arroyo "Joselito"
 

la tauromaquia de Joselito

   
 
 
  la tauromaquia de Joselito  
 
 capote                                       e

El capote es lo más importante que hay en el toreo por la sencilla razón de que es el primer contacto que tiene el animal embistiendo a algo. Es un poco el maestro que le enseña y que le conduce hacia donde debe ir. Entre utilizarlo bien y mal va un abismo en cuanto a que el toro pueda luego embestir mejor o peor, aparte de que dentro lleve él su comportamiento intrínseco.

Yo hago mucho hincapié en el toreo de capa. Cuando estaba en la Escuela de Tauromaquia siempre paraba a los toros con la muleta y de hecho el percal era un desconocido para mí incluso después de debutar en público. Como tenía defectos me llevaba unas volteretas tremendas, sobre todo porque no sacaba el brazo, no toreaba con la mano de afuera y no remataba los lances con las muñecas. Y gracias a que no sabía hacerlo empecé a practicar con tanto anhelo que al final ya lo dominaba con bastante soltura.

En la Escuela me enseñaron que había una cantidad enorme de quites con el capote y que todos ellos se podían hacer. Lo que pasa es que entonces los veía imposibles de realizar en la actualidad, con el toro de estos tiempos; por eso cuando los empecé a poner en práctica y vi que me salían bien sentí una gran satisfacción.

En suma, tanto para parar a los toros y conducirlos al caballo como para el lucimiento pienso que el capote tiene gran importancia y yo le presto bastante atención. Ahí se aprecia cómo se desenvuelve el toro y te marca las coordenadas que luego te indican cómo se va a comportar en la muleta.

A mi me gusta embarcarlo adelante, llevarle con las manos bajas y luego soltarle por detrás. Y sobre todo forzarle a describir líneas curvas y no rectas, para luego poder someterle en la faena.

  Filosofía                                a

Lo que entiendo por ser torero es una forma de vivir y de expresar mis sentimientos. Para mí no es un sólo un "modus vivendi", sino que es mucho más extenso que ser un matador de toros. Estoy enamorado de lo que hago y le guardo cariño y respeto al toro y al toreo.

Todo comienza desde la forma de expresarte, de vestir, de moverte. Cuando yo empezaba en esto me decían que tenía que estar las 24 horas del día siendo torero y, aunque eso no puede cumplirse siempre, hay que acercarse a ello y, principalmente, respetarlo todo: la fiesta, el toro y el toreo sin saltarse las normas.

Además de en la vida diaria, luego en la plaza eso incluye la forma de vestirse, de estar en el ruedo o en el callejón... son pequeños detalles pero de mucha importancia, como por ejemplo coger el capote de una determinada manera y no morder la esclavina.

Para mí uno debe salir ya del hotel con el capote y la montera del brazo. Luego, una vez en la plaza, el de paseo debe liárselo uno mismo y caminar con pasitos cortos; cuando empieza la lidia hay que estar siempre en el sitio, pendiente de todo; no hay que pegarle patadas a los trastos sino colocarlos con un leve movimiento de muñeca y estar constantemente atento al toro porque siempre te puede tocar a ti, ya sea por un quite o por cualquier percance. Si estás distraído en el callejón hablando o firmando autógrafos hay veces que no conoces al animal y eso es malo.



crónicas de triunfos
 
 
  Joaquín Vidal
El País 15 de abril 1997

Joselito salió a hombros por la puerta del Príncipe: quedan ustedes informados.

Rivera Ordóñez estuvo a punto de salir también a hombros por la puerta del Príncipe, pero esto es sólo una impresión barruntativa.

Dice la impresión barruntativa que si Rivera Ordóñez llega a hacer lo que no hizo -matar sus toros a la primera- sale por la puerta del Príncipe abriendo el cortejo, en loor de multitud y la afición detrás, pegando saltos mortales.

La afición veía lancear de capa y pasar de muleta a Rivera Ordóñez, y no se lo podía creer. No por nada, no porque el autor les sea malquisto, sino porque esa forma de torear, de dominar y de arrimarse, ya no se llevan. La forma de torear, de dominar y de arrimarse Rivera Ordóñez pertenecen a otra época. Valga la de Lagartijo y Frascuelo, dicho sea a manera de orientación.

Joselito le instrumentó al primer toro unos ayudados excelsos que también emergían de la noche de los tiempos. ¿Diríamos Domingo Ortega -el maestro de Borox- en la posguerra? Quizá. De ahí y aún antes.

Los ayudados de Joselito, arqueando la pierna contraria no por estudiada composición sino por cargar a fondo la suerte, los dio a dos manos, y ésa ya era la quintaesencia del arte de torear. A dos manos y luego a una -la izquierda-, con la que remató la tanda echándose todo el toro por delante en el pase de pecho.

La faena que siguió fue musicada, oleada y aclamada, según solían expresar los viejos revisteros. Se musicó, se oleó y se aclamó todo: desde los naturales sin reunión a los circulares con ella. La culminación se produjo cuando Joselito trazó el molinete que llaman pase de las flores para empalmarlo con el circular, el toro no obedeció, repitió tras parsimonioso preparativo, ahora sí obedeció el toro y lo metió en un circular de vuelta y media que pareció no iba a tener fin. Y estalló de entusiasmo la Maestranza.

Otros circulares se aclamaron igualmente. Los naturales, menos. Seguramente no era cuestión de embestida. Arrojó Joselito la espada, toreó al natural con la derecha, y lo que resultó tampoco era como para tirar cohetes. Cobró un espadazo delantero perdiendo la muleta y le concedieron las dos orejas.

Al sobrero cuarto, un aborregado animal de escaso trapío, lo mató mejor Joselito después de una faena premiosa, larguísima, escasamente reunida. Y obtuvo otra oreja que, siendo la tercera, alcanzaba la suma mínima exigida para franquear en triunfo la puerta del Príncipe.

Rivera Ordóñez también quería abrir la puerta del Príncipe y los toros no le dejaban. El primero de su lote, manso declarado, huía al galope, pero no sabía con quién se estaba jugando los cuartos. Rivera Ordóñez, decidido y sereno, avanzaba inexorable hacia el platillo sometiendo cada descompuesto arreón con su muleta poderosa, ganando terreno al toro. Y acabó embarcándolo por redondos, luego por naturales, templados, ligados y ceñidos. Si hubo derrotes, los libró sin inmutarse; si peligro, lo despreció.

Al sexto lo esperó a porta gayola y tras la emocionante larga cambiada le cuajó una serie de verónicas en un palmito de albero que volvieron a convertir la plaza en un manicomio: música, ovaciones, pañuelos al viento, gritos del ¡torero! Las repitió en el quite, y en éstas que entró Joselito al suyo y -¡un momento, que la están peinando!- cuajó unas gaoneras perfectas.

El toro bronco, valiente Rivera Ordóñez hasta la temeridad, dominador otra vez, construyó una faena de menos a más, escalofriante en el menudeo de las tarascadas, poderosa cuando consiguió encelar a la mala bestia y ligarla pases como quien lava. Llega a matar bien Rivera Ordóñez y no sólo lo sacan por la puerta del Príncipe sino que lo llevan a la catedral bajo palio. Pero mató mal. La vida es así.

La vida admite todos los colores. La vida admite incluso a Julio Aparicio, demudado, vacilante, incapaz de acercarse a sus toros si no era para quitarles las moscas, ni de matarlos, salvo en la modalidad paso-banderillas, que es suerte tabernaria de refriega y navajeo.

La puerta del Príncipe estaba allí para todos; mas sólo uno la abrió, naturalmente entre aplausos, vítores y felicitaciones efusivas. Lo que se comunica para general conocimiento. 


Juan Morcillo
El País.17 de mayo 2003

Toreo artístico y pinturero

Tradicional tarde en Talavera de la Reina, en la que el público se divirtió y pidió orejas de diferente calibre o valor. La corrida ayudó con sus templadas y nada problemáticas embestidas. Se guardó un minuto de silencio en el aniversario de Joselito El Gallo.

Finito de Córdoba, en su primer toro, estuvo a la altura del manso y soso burel de casta menguante. Embestir sabía poco el dócil y pesaroso torillo y el torero se empleó lo mínimo. Lances convencionales de saludo y dos series deslavazadas de derechazos tan limpios por fuera y al hilo del cómodo pitón.

En su segundo, Finito, sin embargo, se desperezó. Loados sean los dioses. Y poco a poco metió en la franela a un noble toro que quería templanza y cualidades. Terminó por darle tales cosas el ya veterano artista, algo que se agradece, en tandas de redondos rematados atrás y por debajo de la pala del pitón. Una sola serie muy breve al natural entre medias y un espadazo que apuntó arriba.

Javier Conde, en su primero, en fin, digamos que impuso su personalidad al manso huidizo que buscó la querencia de tablas demasiado pronto. En dicho lugar le buscó el torero malagueño, y dio la vuelta al redondel. Había saludado con verónicas de buen dibujo y su algo de creatividad. La peregrina por viajera faena de muleta de imposible ligazón estuvo ambientada con muletazos de plasticidad apreciables.

En el quinto, Javier Conde construyó una faena de muleta con denominación de origen. Un breve tanteo, una serie de derechazos por fuera del tercio, y que el noble bruto busca otra vez las tablas. Pero allí llegó Conde y resolvió una obra de arte barroco, pinturero y original, en donde temple, toreo, baile flamenco y donaire se dieron la mano. Y el público se puso tan contento.

Nobleza
Leandro Marcos estuvo aseado en su primero, en donde apuntó sus buenas maneras. El toro había tomado el socorrido único puyazo sin ningún celo, que había tragado sin dificultades una muy solitaria buena verónica, y después acudió con nobleza, y acompañó sin agobios en los muletazos de tanteo y en una primera serie de redondos de templada factura. Acertó Leandro Marcos una estocada al primer envite y cayó la oreja.

El sexto no le procuró al torero de Valladolid el éxito y la salida a hombros, por el mal manejo de la espada. Pues a buen seguro, el generoso público de Talavera se la hubiera pedido. La faena de muleta fue incluso mejor que la de su primero. Un trasteo que fue a menos, igual que las pastueñas embestidas del toro. No se le pudo negar limpieza en la composición y sus gotas de buen gusto.

 

Víctor Arrogante

 

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 visitas   14/11/2006