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dos tardes, dos
faenas de puerta grande |
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José Tomás nació
en Madrid el 20 de agosto de 1975. Debutó en público en su pueblo
natal, Galapagar (Madird), en 1988, lidiando una becerra. Estoqueó su
primer becerro en otro pueblo madrileño, Colmenarejo, el 25 de julio
de 1989, junto a otro joven aspirante que alcanzaría el escalafón de
matadores años después: Alberto Elvira.
La primera vez que se vistió de
luces el diestro madrileño fue el 7 de febrero de 1991. En aquella
fecha mató un becerro de Carmen Segovia en el pueblo madrileño de
Valdemorillo. El debut con picadores se produjo en la plaza de
Benidorm, el 24 de julio de 1993. Compartió cartel con José Antonio
Barrera y José Antonio Canales Rivera. Cortó una oreja de cada uno de
sus novillos de Román Sorando. Sin embargo, poco hacía presagiar que
el novillero José Tomás se convertiría en apenas un par de años en una
de las mayores figuras de las últimas décadas. Sus principales
apoyos en sus comienzos fueron el ganaderos Victorino Martín, con
el que guarda parentesco, y el apoderado Rafael Corbelle.
Las dificultades para torear en España le obligaron a viajar a México
a buscarse contratos. En su periplo mexicano vivió con 18 años uno de
los episodios más dolorosos de su carrera, ya que estuvo a punto de
perder la vida tras sufrir una gravísima cornada en un pueblo mexicano
que le partió la femoral. Un sacerdote llegó a dar la extremaunción al
torero.
Sin embargo, José Tomás aprovechó estos percances para seguir puliendo
su tauromaquia. Se presentó en Madrid el 24 de septiembre de 1995,
compartiendo cartel con Luis Miguel Encabo y Rafael Rubio, Rafaelillo.
Cortó una oreja de cada uno de sus novillos de Las Ramblas y salió
a hombros por la Puerta Grande. Sería la primera de una serie
continuada de tardes en las que la gloria o la cornada han sido las
dos únicas alternativas para José Tomás en Las Ventas.
La alternativa le llegó el 10
de diciembre de 1995, con Jorge Gutiérrez como padrino y Manolo Mejía
por testigo, en la plaza Monumental de México. La confirmación fue el
14 de mayo de 1996, apadrinado por Ortega Cano y con Jesulín de
Ubrique como testigo.
En las tres temporadas siguientes, José Tomás se proclamó triunfador
de la Feria de San Isidro, con una regularidad inaudita basada en un
concepto del toreo en el que domina la quietud, el valor extremo y
sereno, sin alardes, además del gusto por el clasicismo. Así ha
conseguido algunos de los hitos recientes, como el rabo de la plaza
de Barcelona, en temporadas en las que José Tomás ha optado por no
sobrepasar los 70 festejos, una cifra que el propio torero ya
considera excesiva.
En el año 2000 el diestro madrileño tuvo una temporada atípica y muy
irregular, debido al litigio que mantuvo su apoderado, Enrique Martín
Arranz, con los empresarios taurinos por los derechos de imagen en
televisión.
La temporada 2001 será recordada como la de las luces y sombras: dos
Puertas del Príncipe en Sevilla y un toro vivo en San Isidro.
José Tomás, al natural
JOAQUÍN VIDAL - Madrid
EL PAÍS 18 junio 1999
José Tomás toreó al natural. A lo mejor bastaría decir que toreó.
Un aficionado, cuando se llevaban al torero por la puerta grande,
comentaba: "Tomás no es de este mundo". Bueno, siempre se exagera.
Pero sí es cierto que no pertenece a esta época, menos aún a este
escalafón, donde apenas nadie torea así lo aspen. Unos cuantos
toreros en edad de merecer se han encontrado alternando con José
Tomás durante la pasada feria -en la Corrida de Beneficencia
también lo hubo- e iban a por todas, competían en quites, a veces
derrotaban al competidor; pero llegado el momento de mostrar cómo
se hace el toreo ya era distinto asunto: se ponían a pegar pases.
No es lo mismo pegar pases y torear. Dar un muletazo, quitarse de
en medio y empezar el siguiente en distinto sitio: ésa es la
técnica que emplea todo el escalafón. A Miguel Abellán, que con
mayor o menor brillantez estuvo toreando de la consabida manera,
se le pedía, hasta se le suplicaba, que hiciera el toreo
verdadero; el de parar, templar y mandar. Y no hubo manera. No
hubo manera y eso que tenía el ejemplo bien cercano. Parar,
templar y mandar ligando los pases: así toreaba José Tomás y ponía
la plaza boca abajo. No por casualidad, ni por partidismo sino
porque, efectivamente, toreaba, y el toreo siempre es emocionante,
siempre arrebatador. Claro que el toreo verdadero requiere no sólo
conocerlo sino asumir el riesgo de la cogida. Cuando un torero
carga la suerte y liga los pases sabe lo que se juega. He aquí,
pues, el busilis de la vaina: un peligroso albur al que no todos
están dispuestos. En el actual escalafón, casi nadie.
Por eso José Tomás. Por eso tiraba de naturales y se producía
en el tendido una conmoción. No es que lo hiciera todo perfecto.
En los lances de recibo perdía el capote; un accidente al que
parece predispuesto. Ciñó unas gaoneras y unas chicuelinas con
demasiados enganchones y luego se las mejoró Abellán; hasta Rincón
le dio cumplida respuesta por tijerillas. Y la primera de sus
faenas de muleta tampoco resultó de altos vuelos.
La primera faena de José Tomás a un bravo sobrero de
Garcigrande constituyó un alarde pues la hizo entera sobre la
izquierda, si bien los naturales le salían aleatorios: unos con la
suerte cargada, descargada otros; en acabada ligazón o según y
cómo. Mató además de un bajonazo y devaluó la oreja que le
regalaron.
La segunda faena, en cambio, tuvo hondura y torería a raudales.
Ahí sí. En esa faena el toreo al natural lo iba desgranando con
una pureza irreprochable y al sufrir un acosón enderezó el desaire
cuajando tres ayudados a dos manos que fueron otros tantos
carteles de toros. Y vino entonces la emoción, el clamor, los
gritos de "torero", la plaza en pie, ¡el delirio!
Rincón, espeso y torpísimo pese a los arrebatos de casta que
sin duda atesora, aburrió en sendos trasteos interminables.
Abellán naufragó con su primer toro y se habría podido desquitar
en el sexto, pues se le veía animoso, pero le faltó esa sublime
decisión que caracteriza a los toreros auténticos para jugársela;
y optó por el unipase que -¿se ha dicho alguna vez?- es no torear.
El toreo verdadero arrebata hasta en los quites. Le hizo uno
memorable a cuerpo limpio el peón Luis Carlos Aranda a Abellán,
que había caído en la cara del toro. Arrebata hasta a caballo.
Pablo Hermoso de Mendoza toreó con una valentía y una templamza
rayanas en lo inverosímil, su actuación constituyó un fastuoso
espectáculo que asimismo habría terminado en triunfo si llega a
matar bien. Pero mató mal. Algunos aficionados juraban que, jinete
de sus maravillosas cabalgaduras, le habían visto dar naturales.
Seguro que sí. Dos toreros de una pieza, Pablo Hermoso y José
Tomás, habían hecho historia de la Corrida de Beneficencia
elevando el toreo a la categoría de grandeza. Al natural.
José
Tomás, o el nuevo Tomismo
Antonio Burgos
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Yen pleno fervor del
estructuralismo del toreo postmoderno, muletazos y lances
desestructurados ante toros descastados, surgió de pronto la
vuelta a los orígenes, y fue así como vino el Tomismo. Los
doctores en Tomística aseguran que fue por obra de Celestino, un
taxista de toreros del pueblo de Galapagar, que estaba ya harto de
que le salieran nietos futbolistas y redimió de la pelota al
mayor, a
José Tomás Román Martín, la tarde que se lo llevó a Las Ventas
o cuando lo puso luego delante de una becerra. Fue así como,
andando los años, este nuevo Tomás pudo convertirse en Aquinate de
la Fiesta, demostrando una vez más el teorema de Belmonte, que es
precisamente lo opuesto al ideal olímpico. En vez de "más alto,
más lejos y más rápido", hacerlo con las manos más abajo, más
cerca y más despacio. Y más despacio que lo hace José Tomás, y más
cerca, y con las manos más bajas y la muleta más adelantada para
el embarque no se puede hacer.
¿La vuelta a lo
clásico? Pues sí. O, sencillamente, la vuelta a los universales
del toreo: el bien, la verdad y la belleza. El toreo de José Tomás
es bueno, verdadero y bello. Y, además, emocionante. Como se hizo
en México, de ahí quizá le venga ese carácter vertical, de
estípite, en su condición de columna maestra de la actual
Tauromaquia. Se habla mucho del hieratismo, del verticalismo de su
toreo. La Tomística no radica ahí. Ese es el Tomás amanoletado, al
alcance de cualquiera, como amanoletado eran Juan García "Mondeño"
o José Fuentes. Tomás no es de la escuela cordobesa, a pesar de
las manoletinas del remate de las faenas, a pesar de los
estatuarios iniciales. Es de la escuela de la verdad del toreo,
que no tiene más geografía que la hondura. Igual que decían de
Gregorio Marañón que era médico de médicos, al que iban los
doctores cuando se ponían enfermos, tengo observado que Tomás es
torero de toreros.
Paco Camino y
Curro Romero, por no salir del pueblo de Camas, han sido a
quienes he visto más admirados por el Tres en Uno de José Tomás en
la Feria de Sevilla, que no es el de los tres muletazos ligados,
sino su ungüento de arte para
abrir mágicamente los cerrojos históricos de la Puerta del
Príncipe.
Y toda esta verdad, y
toda esta belleza, al margen de los medios en la sociedad de la
información. Tomás practica el arte de las distancias ante los
toros y ante el público. No hace declaraciones, no quiere que le
televisen las corridas, y no sólo por asunto de dineros. Sabe que
los mitos crecen en la lejanía y que a los dioses se les venera en
los altares, no manoseándolos por la calle. Así, en la lejanía, en
la singularidad, surgió la leyenda literaria de Juan Belmonte, de
cuyas claves estéticas lo encuentro tan cerca. Sabe José Tomás que
alejarse transitoriamente de Las Ventas es la mejor forma de
conquistar Madrid, y que volver a crear afición en Barcelona es un
buen camino para meterse en el chalequillo a la de toda España.
Tiene mucho de Ordóñez y mucho de El Viti. O, como dijo el
clásico: tiene mucho de él mismo. Tiene el Tomismo en la mano y el
toreo en la cabeza. |
El DNI de
José Tomás
Antonio Burgos
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José Tomás tenía ya
dos orejas en el esportón. La plaza de Sevilla estaba
aproximadamente como un manicomio. El nuevo Aquinate del toreo la
había puesto boca abajo. Fue entonces cuando sonó mi teléfono
móvil. Como solemos hacer todo aquello que criticamos, el que me
llamaba por el móvil era otro objetor de motorolas, mi compadre
Alfonso Ussía, que había pegado un mangazo importante: dos
barreras para ver a José Tomás que le había sacado por la cara al
Conde de Luna, teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de
Caballería. Ussía, que hasta ahora daba mangazos de Infantería,
pegó un manguis de Caballería maestrante gordo. Y como me pone de
descreído en materia ajena a la fe del currismo, me preguntó por
el cacharro, con guasa de desafío:
-- ¿Qué te ha parecido el
de Galapagar?
Le dije por el
móvil la conclusión urgente a la que habíamos llegado en el
rinconcito del 7 donde pagamos nuestro abono, sin trincar, los
Peralta,
Paco Camino, Paco Gandía,
Mercedes Domecq y el guardia que suscribe:
-- Pues que el de
Galapagar no parece de Galapagar.
Me apresuro a escribirlo
porque estoy harto de que el compadre se gane los jornales de sus
artículos con mis frases, y ésta no me la pisa por nada del mundo:
te fastidié la columna en las tres letras, niño. No es que yo
tenga nada contra Galapagar, pero sí contra los aldeanismos
excluyentes. Es un gozo que mientras por ahí arriba anden pidiendo
el DNI vasco, haya en España un pueblo como Sevilla donde no
solamente no se le pide a la gente el carné de identidad, sino que
encima los sacamos a hombros por la Puerta del Príncipe. José
Tomás como torero de Sevilla, al cambio, es como si en el País
Vasco hicieran miembros de lo que Alfonso Guerra llamaba El
Gurugacha a todos los que se llaman López y fueron allí a
arrimar el hombro. Sevilla estaba huérfana de
Curro Romero y ha adoptado a un muchacho de Galapagar. Una
tierra tan tridentina de cánones y silogismos ha proclamado
Aquinate, como decía Javier Villán, a este Tomás que no es de
Aquino, sino de aquí mismo. El neotomismo de la afición española
ha sido investido con el doctorado por la Hispalense, en el
escolasticismo clásico del toreo. Como un Guinness Book y una
estadística del Cossío gustan tanto, consigno que hoy, lunes de
Feria, con la corrida de Juan Pedro, José Tomás puede ponerse
a dos Puertas del Príncipe de Curro Romero... y en la misma
temporada. Añado para uso de sus detractores que habrá batido la
marca de... César Girón. Puertas del Príncipe que ha visto abrir
todas, por cierto, Jaime de Marichalar. Tres veces se ha abierto
esa puerta este mes de abril y las tres estaba allí el Duque de
Lugo. Así que en materia de
asistencia a los toros de miembros de la Familia Real, no me
meto en libros de Maestranzas de Caballería y me quedo con
Marichalar. Cuando vaya usted a los toros y vea allí a Marichalar,
téngalo por seguro: esa tarde se abre la puerta grande.
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AQUÍ, UNOS AMIGOS
Joaquín Sabina:
"¿Eres consciente del insoportable brillo de tu ausencia?"
José Tomás:
"Las ausencias que más duelen no son las elegidas"
Joaquín Sabina, de 57
años, lo dijo enseguida: quería conversar con José Tomás, de 31.
El torero dijo sí rápidamente. Lleva dos años fuera de los
ruedos. Es un poeta, hablando y en silencio. Un tipo tan joven,
con tanta madurez. Lo da el miedo, acaso, dijeron. El músico y
su amigo se encontraron en la casa de Sabina. Éste tomó whisky.
José Tomás, un refresco.
Juan Cruz
EL PAÍS - 19-08-2006
Joaquín. Mi intención
es hablar de este hombre al que yo venero, y hacerlo en un
periódico de gran difusión en el que no todos sus lectores son
taurinos. Querido Tomás, ¿eres consciente del insoportable
brillo de tu ausencia? Hay gente que desprecia lo taurino,
pero nadie ignora que hubo un tipo llamado José Tomás que
brilla ahora por su ausencia. ¿Eres consciente de eso? ¿Cómo
lo llevas?
José Tomás. Soy
consciente. Pero las ausencias que más duelen no son las
elegidas, como la mía.
Joaquín. ¿Tú decidiste
conscientemente irte?
José Tomás. Sí, por eso
duele menos. Este mes de mayo último ha sido duro; perdí a un
amigo. Esa ausencia sí que la siento, y mucho.
Joaquín. Y ni siquiera
brilla, sólo duele.
José Tomás. La
mía es una ausencia elegida, se puede restaurar.
Joaquín. ¿Quieres decir
que volverás?
José Tomás. No, no lo
quiero decir. Pero sí que lo podría hacer. En cualquier
momento. La ausencia que más duele es la que no se elige y la
que no se puede volver a sustituir.
Joaquín. Corren muchas
leyendas sobre ti. Por ejemplo, dejas de torear y te dejas
barba, porque un torero con barba no puede ser. De hecho, yo
ayer me afeité la barba para que estuviéramos un torero con
barba y un cantante sin barba, y me ha salido fatal. Corre la
leyenda de que te hiciste hippy, y que te fuiste a
Estepona, a jugar al fútbol en un equipo de Tercera División.
José Tomás. Hay
leyendas que son ciertas y otras que son leyendas. En mi caso,
la barba me la dejaba en los inviernos.
Joaquín. Pero no has
tenido los huevos de hacer el paseíllo con barba. La liturgia
es la liturgia.
José Tomás. Eso no es
cuestión de huevos; la barba me la he dejado en invierno, y he
toreado con barba, en el campo. Y lo del fútbol es cierto, he
jugado en un equipo de Estepona. El Macarena. Por un bar en el
que voy a tomarme una cervecita de vez en cuando,
tranquilamente, con mis amigos.
Joaquín. Tu abuelo y el
fútbol. Cuéntame la historia.
José Tomas. Mi abuelo
es muy importante en mi vida. Todos los días me llevaba a Las
Ventas, cuando era un crío de diez u once años. A San Isidro.
He visto muchas faenas. Me gustaba el fútbol, del Atleti de
toda la vida. Y él quería que fuese torero.
Joaquín. Te destrozaba
los balones si te veía jugar al fútbol. Para que fueras
torero.
José Tomás. Puso la fe
y la ilusión para que su nieto fuera torero. Fue realidad su
sueño.
Joaquín. Te ponías
donde nadie se ponía. Y te fuiste. Hay gente que dice que no
se torea igual comiéndose los mocos que con mucho dinero.
José Tomás. En mi caso
no tiene que ver con el dinero. Nunca se puede poner uno
delante de un toro por dinero. Porque no hay nada que pueda
pagar la vida de un ser humano.
Joaquín. ¿Qué le dirías
a la sociedad protectora de animales, a los canarios [que no
autorizan los toros], a Esquerra Republicana..., a los que
dicen que es espectáculo bárbaro?
José Tomás. No
comprendo que se recurra al insulto para defender lo que ellos
defienden.
Joaquín. ¿Cómo
defiendes la muerte del animal?
José Tomás. Poner un
animal a la altura o por encima de una persona como ser humano
no lo puedo comprender.
Joaquín. ¿Un buen
argumento?
José Tomás. Tampoco soy
la persona más indicada. Pero uno bueno es que me fueran a ver
a torear en Barcelona.
Joaquín. ¡Olé! "Iros a
ver a José Tomás y dejaros de mariconadas".
José Tomás. A
Barcelona.
Joaquín. Donde yo te
vi. ¿Qué hay en ese terreno? Nadie sabe muy bien cómo eres,
nadie te conoce. No has pisado mierda, no concedes
entrevistas.
José Tomás. Sabes qué
hay en eso.
Joaquín. ¿Qué hay?
José Tomás.
De purísima y oro... Yo
creo que uno debería vestirse, no ya en el toreo, sino en la
vida, de purísima y oro...
Joaquín.
De purísima y oro es
una canción que hice pensando en ti, para Manolete. Una
historia preciosa. El 28 de agosto, el mismo día que mató un
toro a Manolete en Linares, tenías que torear, y te pusiste de
purísima y oro, como la canción... Tienes en un altar a
Manolete...
José Tomás. Es un
ejemplo. Me fascina el misterio, la naturalidad, la hombría
con la que afrontó lo que tenía que afrontar.
Joaquín. Dejaste ir
toros vivos. ¿Qué pasa cuando uno dice "a este toro no lo
mato"?
José Tomás. No sé. Me
pasó primero en México. Fatal, al principio eso se vive fatal.
Es como el deber no cumplido.
Joaquín. Antes los
toreros llevaban casetes de Concha Piquer. Tu generación
empieza a escuchar otras cosas.
José Tomás. La primera
vez que te escuché fue en México. Un ganadero mexicano te
escuchaba constantemente. Y nos dieron las diez. La
siguiente canción que me cautivó fue Sin embargo. Esa
música me ha ayudado terriblemente. Tu música ha sido como la
oración a la que encomendarme.
Joaquín. No me digas
eso.
José Tomás. Me ha
pasado estar en el burladero, con el capote, esperando, y
pasárseme por la cabeza canciones tuyas.
Joaquín. ¡Calla, calla!
José Tomás. Eso me ha
ayudado mucho a soportar el miedo.
Joaquín. El maestro
Esplá dice que eres el último torero que ha visto que no tiene
miedo.
José Tomás. Tengo
miedo. Soy un ser humano y he pasado mucho miedo.
Joaquín. ¿Cómo llevas
que se diga "Vuelve, José Tomás, haces falta"?
José Tomás. Me
reconforta. Pero no me empuja. Lo que me presiona soy yo
mismo. Últimamente, sobre todo siento que algo de mi espíritu
pasa hambre.Esa hambre la tengo que alimentar ahora. Necesito
ahora torear de salón todos los días.
Joaquín. ¿Lees?
José Tomás. Pues sí que
leo. Últimamente he leído la historia de Ava Gardner, de
Marcos Ordóñez; se titula Beberse la vida. Mucha, mucha
historia del toreo.
Joaquín. ¿Y lees
poesía?
José Tomás. La tuya.
Joaquín. ¿Qué es el
miedo? ¿Cómo es esa siesta espantosa que echáis antes de la
corrida?
José Tomás. Es
espantosa, sí. Siesta no suelo dormir; los días de corrida
salgo a pasear, y me tumbo luego en la cama. Pero no duermo.
Joaquín. ¿Te gusta que
la gente vaya a verte vestirte?
José Tomás. No. Nadie.
Joaquín. José, ¿cuándo
dices "no sólo voy a ser torero, sino que voy a ser Dios"?
José Tomás. Poco a
poco. En México fue cuando dije que iba a dedicar mi vida a
eso...
Joaquín. ¿Volverás? ¿Y
te pondrás en el sitio donde te ponías?
José Tomás. Si no
pensara que me iba a poner en el mismo sitio nunca volvería.
Si vuelvo algún día es porque me voy a poner en el mismo sitio
y voy a tratar de torear mejor que lo que hacía. Y ahora te
pregunto yo: ¿qué piensas que puede ser la muerte?
Joaquín. Pasemos a la
siguiente pregunta... Me aterroriza, no tanto la muerte, sino
el deterioro físico... Cuando me dio el marichalazo...,
no dolía, pero al tercer día quise ir a mear y entonces me
tuvieron que bajar los calzoncillos, y eso a Luis Aragonés y a
los de mi pueblo nos humilla muchísimo. Y yo dije: así no
quiero vivir. Hasta ahí, no.
José Tomás. Olé.
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José Tomás abre la Puerta Grande
21 de mayo 2002
Las Ventas
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José Tomás en
hombros
al finalizar la corrida |
José Tomás en hombros gracias
a una faena que terminó con una estocada fulminante. La corrida de La
Martelilla fue un desfile de toros mansos, descastados y flojos.
Rivera Ordóñez y Rafael de Julia consumen sus actuaciones en la feria
sin decir nada.
Alguna lagrimilla habrá echado hoy la Puerta
Grande de Las Ventas al ser traspasada por la sombra de José Tomás.
Sólo los pañuelos de los cabales habrán estado ahí para impedir que el
llanto afeara su bello rostro.
José Tomás ensayó tímidamente el toreo a
la verónica para saludar al toro desorejado. Después intentó sin éxito
un quite por chicuelinas. Hasta aquí el toreo de capote en un toro de
Puerta Grande. Ya que sale el toro, habría que decir de él que empujó
con la cara arriba en su primer encuentro con el caballo, que cayó al
suelo en ese simulacro de chicuelinas y que se fue sin picar en la
segunda vara. En el último tercio acudió con nobleza, con la
carita a media altura y, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, miró
al torero, quedando la duda de si lo hizo por malas intenciones o por
malas colocaciones.
Como la primera colada del toro fue por el pitón
izquierdo, José Tomás, inteligente, se echó la muleta a la mano
izquierda. En esta faena de Puerta Grande, el de Galapagar cogió
el estaquillador, más o menos, por el final, para administrar una
docena de pases de uno en uno sin sabor, gracia ni temple especial. El
público, sumiso, los jaleó.
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Final de la faena
de José Tomás |
Un par de tandas y la muleta a la diestra. Con
esa mano lo hizo todo a media altura, como pedía el toro, y sin
terminar nunca de rematar los derechazos detrás de la cadera. Antes
bien, tendía a vaciar hacia fuera. Tuvo la virtud de encontrar tras
algunos lances el temple que hasta entonces no tuvo y fue en ese
momento, claro, cuando el toro dejó de puntear el engaño.
Mientras sonaba el primer aviso, se puso de
frente para citar al toro y para muchos debía ser como si partiera
hacia la III Guerra Mundial. Se le ovacionó el cite y después cada
uno de los muletazos. Los ayudados por bajo finales fueron lo más
torero de la faena. Para cuando se acercó a las tablas a por la espada
de verdad, unos se encontraban cercanos al éxtasis tomista y los otros
rogaban a Dios para que un pinchazo impidiera lo que parecía
inevitable.
Se tiró encima del morrillo y cobró una estocada
que tuvo efecto fulminante. Los pañuelos flamearon en los tendidos y
el presidente, cumpliendo con su deber, concedió la primera oreja. La
segunda, que es competencia exclusiva suya, pregúntenle a él.
Al final, objetivo cumplido. Mañana, en la
oficina, la mayor parte de los presentes tendrán sus dos orejas para
contar, pero hasta un señor que jaleó toda la faena y con cuyo
pañuelo contaba en el recuento, quedó francamente perplejo por la
concesión del doble trofeo. Repetía: “Esto no, esto no, esto no. Sólo
espero que le sirva para volver a coger el camino de antes”.
Hasta entonces no pasó nada. Mayormente tuvieron
la culpa los toros de La Martelilla, ganadería a la que mi vecino ya
se ocupó de bautizar como “La Marmolilla”. Lo cierto es que se
pararon enseguida y nadie, ni el mismo José Tomás, acertó a hacer
que se movieran los otros cinco toros restantes. Queda la duda de si
un torero con las ganas de Antonio Ferrera o ‘El Fandi’ habría
conseguido algo más. No sé.
Así que, realmente, lo único que
hubo en esta tarde para contar fue la Puerta Grande de José Tomás. Y
si en vez de José Tomás el torero se llama (por ejemplo) Joaquín
Estébanez, no contamos ni eso.
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José Tomás abandona
los ruedos
Al parecer el de Galapagar
sufre una crisis en su ilusión por el toreo.
En las últimas temporadas el diestro, ha rehuido actuar ante las
cámaras de televisión y ha permaneceido alejado siempre de los medios
de comunicación.

Foto J. Moya |
El diestro madrileño José Tomás
decidió abandonar los ruedos. Según se supo, la decisión les fue
comunicada el miercoles 18 por la noche en una cena a los miembros de
su cuadrilla
El País. 19 de septiembre
2002.
El
diestro José Tomás se retira por un tiempo de los ruedos después de un año irregular
Cuando declina la temporada y apenas quedan ferias de importancia por
celebrar, irrumpe en el ruedo mediático una noticia que llega de
Galapagar. José Tomás no toreará la próxima temporada en España.
Pero, según Olga Adeva, representante de prensa del torero, José Tomás
se encuentra muy ilusionado por 'concretar la fecha de las dos corridas
que seguro toreará en México. Del resto no hay ningún comentario que
hacer. José no tiene nada que declarar al respecto. Ésa es la postura
oficial'. Adeva es la portavoz de un diestro que no acostumbra a realizar
declaraciones a la prensa. Pero la madre de Tomás asegura estar encantada
con la retirada de su hijo.
Doña Isabel Martín está encantada, pero añade que aún no ha
asimilado la nueva situación. La buena nueva le sobrevino en la tarde del
18 de septiembre, tras una reunión familiar solicitada por el torero,
donde expuso la decisión de abandonar la profesión. 'Siempre fue muy
suyo, introvertido, pero muy de su gente, de sus amigos. La verdad, no me
lo esperaba. Bueno, no nos lo esperábanos ninguno. Nos pilló de
improviso. Él medita mucho las situaciones y sus consecuencias', dice la
madre.
La familia nada tiene que ver con su retirada, y los hermanos se llevan
magníficamente, según declara la madre. Es una familia unida. Quizá fue
en el retiro de Estepona, su lugar de descanso y ocio, donde se ha
fraguado tan drástica medida. No hay enfermedad alguna, asegura la madre
del diestro; el torero goza de magnífica salud. Tampoco parece ser que
existan enfermedades del alma; no está enamorado, añade.
La temporada actual de José Tomás ha tenido muchos vaivenes: cumbres
y sombras y momentos de estar en el dique seco. La última vez, a mediados
de agosto en Huesca, donde sufrió una herida en la mano que lo tuvo
varios días sin torear.
José Tomás se presentó en Las Ventas en el mes de septiembre de
1995, y confirmó alternativa en el San Isidro de 1996. Ha sido
triunfador, durante tres años consecutivos, del ciclo isidril, el
acontecimiento taurino más importante del planeta taurino: en los años
97, 98 y 99. Y ha salido en cinco ocasiones por la puerta grande del coso
de la calle de Alcalá. La última, el 21 de mayo del presente año.
Su toreo se hizo en buena parte en los ruedos mexicanos, donde llegó a
torear hasta 32 novilladas antes de presentarse en España. Y en México
tomó la alternativa, el 10 de diciembre de 1995, con un toro de Xajay
para, esa tarde, resultar herido de gravedad.
Su manera de entender el toreo le ha proporcionado varios percances y
no pocas volteretas, dado el sitio que suele pisar, la forma de concebir
el pase, la quietud. Su toreo vertical, serio y profundo, lo emparentan
con el de Manolete, en cuya tradición bebe según quieren dar a entender
sus exégetas. El tempo es demorado, seco y de un raro perfume.
'De otra galaxia'
Las últimas temporadas, desde el año 1999, y sobre todo a partir de
su apoderamiento por parte de Enrique Martín Arranz, fueron alternando
triunfos, faenas y páginas en blanco. Pero nunca dejó de hacer en cada
temporada esas faenas para muchos soñadas, para otros más discutidas y,
para el común, diferentes. Fue cuando empezó a decirse que José Tomás
era de 'otra galaxia'.
Lo cierto es que Tomás no deja indiferente al ejercer su arte. Se
rodea de una cohorte de admiradores que tienen a bien glorificar a su
torero. Últimamente se le ha dado en llamar también el torero de los
intelectuales. De ello dan muestra algunos de los libros que sobre su
figura se han editado en 2002.
Uno de ellos se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a
primeros de junio, finales del abono isidril. Su título, José Tomás.
Claves y rituales de un enigma (Calambur), del crítico taurino Javier
Villán y con fotografías de Anya Bartels-Suermondt, protagonizó un acto
en el que intervinieron Fernando Sánchez Dragó y Albert Boadella,
conocido tomasista, quien, entre otras cosas, dijo que el torero de
Galapagar 'representa como nadie el rito taurino, que oficia con todo
rigor', según sus palabras, 'y lo convierte en una fiesta que es algo
así como un reducto de la sacralidad.
Precisamente en Barcelona es donde el torero madrileño ha cosechado
muchos de sus más sonados triunfos. Ha cortado varias veces dos orejas y
un rabo en la Monumental. Allí los partidarios de su toreo son legión y
le profesan auténtico fervor; a pesar de que su última comparecencia de
2002 resultó un fiasco, por los toros y su actitud, que, como es
costumbre en estos toreros de inspiración, es de ausencia siempre que no
están a tono, en estado de gracia.
Sevilla se le rindió el año pasado, después de que saliera dos veces
consecutivas por la puerta del Príncipe. A continuación fue a San Isidro
y terminó por dejarse un toro vivo, como ocurrió en Salamanca en la
feria de septiembre de 2000. Genio y figura. Una tarde, la plaza loca de
emoción por su toreo, y otra, de rabia y malestar por sus inhibiciones.
A pesar de todo, según fuentes próximas a su entorno, la decisión
sobre su futuro depende en parte de cómo esté en Mexico, donde quiere
despedirse por tanto como representa para él.
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Joaquín Sabina
canta a José Tomás en su poemario
Ciento volando de catorce
 DE
VERDE SAMURAI De
verde samurai Buda en jarras
encela al minotauro que le embiste
y acuarela el betún de las pizarras
con tiza duermevela que no existe. No
hay rojo menos gris que una muleta,
leve, en tu mano izquierda desmayada,
la naturalidad que se embragueta
cotiza en bolsa pero no vale nada. Qué
bien que no seas foto de revista,
qué cerca estás, José, cuando te alejas
para ser más Tomás y más persona. Ni
te cuento la cara del taxista
que me llevó al hotel, con dos orejas,
desde Galapagar a Barcelona.
COSIDO A
TU CAPOTE José
Tomás canta como Tiziano,
levita como dios, saca de quicio,
se venga del bochorno del verano,
prende un horno sin juegos de artificio. Compite
en quites, mece chicuelinas,
va de paseo al coliseo de Roma,
desentumece, por manoletinas,
la rutina ferial Santa Coloma. Republicano
zar de los toreros,
el barrabás parece, cuando pasa
por tu fajín, rocín de don Quijote. Tu
pasión es cruzarte con isleros,
tu puerta la del príncipe y tu casa
mi corazón cosido a tu capote.
TAN
DESPACITO
J.T. de Tomás funda la media
verónica de suertes anunciadas,
con un toque de zurda que remedia
la curda bermellón de las espadas. Dice
Sierpes que vuelas más deprisa
que Ponce, Manzanares, Joselito,
y yo que los toritos van a misa
cuando los citas tan tan despacito. Si
a pesar del derrote no escarmientas
y el de la barba escarba en banderillas
como una vaca de Guisando, templa
la destemplanza de Las Ventas,
disloca La Maestranza a trincherillas,
baila la danza que andas restaurando. |
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